Justicia social. El amanecer sobre la plaza de San Pedro tenía un aire distinto ese domingo. Miles de rostros cansados, muchos marcados por la calle y el desamparo, se dirigían hacia la basílica. Entre ellos venía Miriam, una mujer centroamericana que había peregrinado hasta Roma con una organización caritativa. Para ella, como para tantos otros, la esperanza era el motor que alimentaba cada paso. Ese mismo espíritu fue el que impulsó al papa León XIV a pronunciar su mensaje más firme sobre justicia social, un concepto que ha colocado al centro de su joven pontificado.
Un Jubileo con un mensaje que trasciende fronteras
El Jubileo de los Pobres no solo es un evento litúrgico: es un recordatorio colectivo. León XIV lo sabe, y por eso convocó a líderes, fieles y voluntarios a mirar de frente a los marginados. Más de 12.000 personas escucharon desde pantallas en la plaza vaticana el eco de sus palabras cuando afirmó que “no podrá haber paz sin justicia”.
En su homilía, denunció la multiplicidad de pobrezas que oprimen al mundo: desde la material hasta la emocional. Habló de jóvenes atrapados en soledades silenciosas, de migrantes que huyen del hambre y de conflictos invisibles que se esconden detrás del mito del progreso ilimitado.
Para muchos asistentes, este Jubileo no fue solo un rito; fue una conversación a cielo abierto sobre una crisis que no distingue nacionalidad.
León XIV y su visión pastoral: de Francisco al presente
Seis meses después de asumir el papado tras la muerte de Francisco, León XIV ha dejado clara su ruta: un liderazgo que prioriza a quienes viven al margen. Su exhortación apostólica Dilexi te, dedicada a los últimos de la sociedad, ha marcado una continuidad espiritual con su predecesor, pero con una identidad propia: un lenguaje directo, un acento estadounidense que resuena distinto y una convicción férrea de que el mundo puede cambiar desde la compasión.
El papa recordó que la Iglesia misma “sigue herida por viejas y nuevas formas de pobreza”, pero reafirmó su deseo de ser “madre de los pobres”, una casa abierta incluso para quien jamás se sintió parte de una.
La cultura de la atención: un antídoto contra la soledad
Durante el mensaje central, el pontífice describió lo que denominó “el muro de la soledad”, un fenómeno global que afecta tanto a jóvenes como a adultos. Lo vinculó a la “globalización de la impotencia”, una idea que nos hace creer que nada puede cambiar.
Aquí, la palabra clave objetivo vuelve al centro: para León XIV, justicia social significa mirar al otro con atención, acercarse, tocar la realidad doliente y actuar desde cualquier espacio: la familia, el trabajo, la comunidad o incluso el mundo digital.
Pidió a los gobernantes “escuchar el grito de los más pobres” y transformar esa escucha en políticas concretas. El mensaje fue claro: no basta con discursos, se necesitan decisiones.
Una jornada de cercanía, fraternidad y dignidad
Después de la ceremonia, León XIV salió a saludar a quienes no lograron entrar en la basílica. La multitud respondió con aplausos cuando afirmó que “la basílica se nos ha quedado un poco pequeña”. Ese gesto, sencillo pero simbólico, reforzó la visión del papa de una Iglesia menos jerárquica y más cercana.
Más tarde, presidiría el Ángelus para luego compartir un almuerzo con 1.300 personas necesitadas en el Aula Pablo VI. Entre ellas, un grupo de 50 mujeres transexuales invitadas al encuentro, un gesto que subraya que la justicia social de este pontificado no excluye a nadie.
En paralelo, organizaciones en Roma organizaron eventos y comedores comunitarios, convirtiendo la jornada en un mosaico de solidaridad global.
Una voz para quienes no la tienen
El Jubileo de los Pobres dejó claro que el camino de León XIV apenas comienza, pero ya está marcado por una convicción profunda: la dignidad humana es innegociable. Su llamado a construir una sociedad basada en la empatía, la escucha y la acción es también una invitación a repensar nuestras prioridades colectivas.
Y así, entre aplausos y plegarias, el mensaje volvió a resonar en toda la plaza, cerrando el ciclo de este encuentro histórico: sin justicia social, ningún futuro será verdaderamente humano.


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