Dentro de Irán, dos realidades chocan violentamente. La del régimen, que promete «abrir las puertas del infierno» a Israel. Y la de su pueblo, que por primera vez en una generación sufre bombardeos directos, desatando el pánico, el éxodo y el acopio de víveres.
En la República Islámica de Irán, el estruendo de los bombardeos ha despertado dos respuestas diametralmente opuestas: la retórica desafiante y apocalíptica de un régimen que se siente acorralado, y el pánico silencioso de una población civil que enfrenta la guerra en su propio hogar por primera vez en décadas.
La Retórica del Régimen: «Las Puertas del Infierno»
La respuesta oficial de Teherán al ataque combinado de Estados Unidos e Israel ha sido una demostración de fuerza verbal y desafío total. El nuevo jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica, Mohamed Pakpur, prometió «abrir las puertas del infierno» para Israel. El Líder Supremo, el ayatolá Alí Jamenei, aseguró que Irán «nunca se rendirá».
El mensaje, repetido en los medios estatales y en comunicados oficiales, es inequívoco: la agresión no quedará sin respuesta. Funcionarios han amenazado con una réplica «devastadora» y han advertido que las bases militares de Estados Unidos en toda la región son ahora objetivos legítimos. La frase que resume el sentir del régimen circula por Teherán: «Trump inició la guerra, los iraníes serán los que la acaben».
Para reforzar esta imagen de unidad, el gobierno ha organizado manifestaciones en la capital, donde miles de personas ondean banderas y portan retratos de los comandantes caídos, en una muestra coreografiada de apoyo al liderazgo.
El Pánico de la Población: Éxodo y Supervivencia
Lejos de las cámaras de la televisión estatal, la realidad es de miedo y caos. El ataque directo a ciudades iraníes ha desatado una ola de pánico entre la población civil.
* Éxodo de las Ciudades: La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) ha confirmado movimientos de población, con grupos de personas huyendo de Teherán y otras áreas urbanas hacia zonas rurales o incluso cruzando las fronteras hacia países vecinos.
* Acopio de Suministros: En la capital se han formado largas filas en gasolineras y panaderías, mientras los residentes buscan desesperadamente combustible y alimentos ante la incertidumbre.
* Refugios Improvisados: El gobierno ha designado mezquitas, estaciones de metro y escuelas como refugios públicos para la población, una medida que subraya la gravedad de la amenaza.
«No pudimos dormir por las explosiones. Cuando una casa en nuestro callejón fue alcanzada, decidimos irnos de la ciudad.» – Testimonio de un residente de Teherán.
Un Estado en «Modo Supervivencia»
El régimen, sintiéndose amenazado tanto desde el exterior como potencialmente desde el interior, ha entrado en lo que los analistas describen como «modo supervivencia». Ha impuesto un apagón casi total de internet a nivel nacional para controlar el flujo de información y ha sufrido ciberataques contra infraestructuras críticas, como el Banco Sepah.
Paradójicamente, el ataque extranjero podría estar sirviendo a los intereses del régimen a corto plazo. Al presentar a Irán como una nación víctima de la agresión del «Gran Satán» (EEUU) y el «régimen sionista», el gobierno busca canalizar el sentimiento nacionalista para unificar a una población previamente fracturada por el descontento social y económico, silenciando, al menos temporalmente, las voces disidentes.


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