El hambre como arma de guerra: la nueva tragedia de Gaza
Desde mayo de 2025, la tragedia humanitaria en la Franja de Gaza ha alcanzado proporciones que estremecen incluso a quienes ya estaban habituados al dolor. La Oficina de Derechos Humanos de la ONU ha documentado que más de mil palestinos han sido asesinados mientras buscaban comida, en su mayoría cerca de puntos de ayuda gestionados por la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF). Muchos de ellos eran niños, mujeres y personas mayores, desesperados por conseguir algo de alimento en un entorno donde el pan se ha vuelto un lujo inalcanzable.
Esta masacre silenciosa no ocurre en campos de batalla, sino en cocinas comunitarias, en filas de ayuda, en rutas donde la esperanza se mezcla con el terror. La violencia no sólo llega en forma de bombas, sino también de hambre.
Un bebé de seis semanas muere de hambre: el rostro más cruel del bloqueo
Según el Ministerio de Salud gazatí, 20 personas murieron en sólo tres días por hambre y desnutrición, entre ellos un bebé de apenas seis semanas. La escena es desgarradora: madres con niños en brazos recorren kilómetros bajo el sol para obtener un puñado de arroz o una sopa de tomate aguada.
Nadia Mdoukh, embarazada y madre de tres hijos, comparte su desesperación: “Temo que me empujen, que me caiga, que mi bebé muera antes de nacer. Pero no hay opción. No hay pan ni harina”.
Denuncias ignoradas: Israel dispara a quienes buscan ayuda
Testigos y médicos han reportado que las fuerzas israelíes disparan contra multitudes que se dirigen a centros de ayuda humanitaria. La GHF ha minimizado estas acusaciones, pero los hechos son persistentes: 766 personas murieron en sitios gestionados por esta organización y otras más al acercarse a convoyes de la ONU.
El ejército israelí ha dicho que realiza “disparos de advertencia”. Pero los muertos no son advertidos: son silenciados.
Desnutrición severa y desesperación masiva
El Programa Mundial de Alimentos de la ONU reveló que más de 100 mil mujeres y niños sufren desnutrición aguda severa. Un tercio de la población en Gaza no come durante días. La organización MedGlobal informó que cinco bebés de tres meses murieron por inanición en los últimos días.
Las cocinas de caridad, último bastión de supervivencia, ya no alcanzan para todos. El alimento se agota y la desesperación crece.
La ONU: crimen de lesa humanidad en curso
El alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, advirtió que el bloqueo israelí, sumado a los ataques y las órdenes de evacuación, puede constituir un crimen de lesa humanidad.
Türk subrayó que el desplazamiento forzado de una población civil bajo ocupación y la privación sistemática de alimentos y medicinas violan el derecho internacional humanitario. Y señaló que, dadas las condiciones actuales, el riesgo de asesinatos y violaciones graves de derechos humanos es extremadamente alto.
Ayuda humanitaria retenida: alimentos que no llegan
La Unrwa, agencia de la ONU para los refugiados palestinos, confirmó que cuenta con alimentos suficientes para tres meses. Pero Israel impide su ingreso a Gaza. Mientras tanto, 376 palestinos fueron heridos en ataques recientes y más de 59 mil personas han muerto desde el inicio de los bombardeos en octubre de 2023.
Los funcionarios israelíes culpan a la ONU por no distribuir la ayuda. Pero en el terreno, la realidad es otra: los camiones están detenidos, las fronteras cerradas, los estómagos vacíos y los niños muertos.
La historia de una hambruna fabricada
Lo que ocurre en Gaza no es una consecuencia natural del conflicto, sino una estrategia. La hambruna está siendo usada como arma de guerra. El cerco a la ayuda humanitaria, los disparos a quienes buscan comida, la destrucción de infraestructuras médicas y la restricción de insumos básicos constituyen, de acuerdo con expertos en derechos humanos, una política de aniquilación lenta y sistemática.
Cada muerte por hambre es una sentencia dictada desde los despachos, donde el acceso a una galleta se transforma en una cuestión política.
Un llamado urgente al mundo
El silencio internacional es cómplice. La desesperación de las familias palestinas no puede seguir siendo invisible. La presión sobre Israel debe aumentar. Las organizaciones internacionales tienen que actuar con firmeza. Y los ciudadanos del mundo debemos exigir una respuesta inmediata.
Porque cuando un niño muere de hambre en Gaza, muere también una parte de nuestra humanidad.


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