En un salón discreto de Manila, funcionarios filipinos y representantes militares taiwaneses se reúnen sin uniformes ni protocolos. Oficialmente, Filipinas mantiene su adhesión a la política de “Una sola China”, pero en la práctica, los lazos de seguridad con la isla democrática se fortalecen día a día.
Para el gobierno de Ferdinand Marcos Jr., la geografía es destino: con Taiwán a menos de 160 kilómetros de sus islas más septentrionales, Manila sabe que no podrá mantenerse al margen en caso de conflicto entre Estados Unidos y China.
Ejercicios y cooperación más visibles
Este año, los ejercicios Balikatan entre Filipinas y EE.UU. incluyeron la presencia de observadores militares taiwaneses y la participación oficial de Japón. Aunque todavía no existe entrenamiento formal entre fuerzas taiwanesas y filipinas, informes periodísticos confirman reuniones estratégicas bajo el pretexto de visitas culturales.
Además, Manila refuerza su presencia en Batanes y Babuyan, con proyectos de infraestructura militar como pistas de aterrizaje y puertos, diseñados para aumentar la disuasión frente a Beijing.
El dilema de Marcos Jr.: entre China y EE.UU.
En una entrevista reciente, el presidente Marcos reconoció que su país sería arrastrado “a la fuerza y a regañadientes” a un eventual conflicto en el estrecho de Taiwán. Sus palabras provocaron la furia de China y el agradecimiento público de Taipéi.
La tensión diplomática con Beijing no es nueva. Las disputas en el mar de China Meridional han empeorado por la negativa de Marcos a ceder ante las presiones y maniobras agresivas de barcos chinos en aguas filipinas.
Obligaciones de defensa y trabajadores filipinos en riesgo
Más allá de las alianzas estratégicas, Manila enfrenta un desafío humano: 200 mil trabajadores filipinos viven en Taiwán. El ejército ya entrena escenarios de evacuación no combatiente para repatriarlos en caso de emergencia.
A esto se suma el Tratado de Defensa Mutua con Estados Unidos, que compromete a Filipinas a responder si instalaciones militares estadounidenses en su territorio son atacadas. Según analistas, Japón y Corea del Sur también podrían verse implicados en un conflicto mayor.
La respuesta de China: “dejen de jugar con fuego”
El régimen de Xi Jinping insiste en que Taiwán es una provincia rebelde y ha advertido a Manila que su cercanía geográfica no es excusa para involucrarse en “asuntos internos de otros países”.
Sin embargo, la estrategia filipina es clara: no quiere ser un estado títere, pero tampoco permitirá que su seguridad y soberanía queden a merced de la presión china.


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