En un momento de alta tensión geopolítica y competencia tecnológica global, Estados Unidos y Taiwán han firmado un acuerdo comercial definitivo que redefine su relación económica. El pacto fija una tasa arancelaria del 15% para productos taiwaneses que ingresen a territorio estadounidense y establece un calendario para que Taipei elimine o reduzca aranceles sobre casi todos los bienes procedentes de EE.UU.
Más que cifras, el acuerdo cuenta una historia de transformación estratégica. En enero se había trazado un marco inicial; hoy, ese esbozo se convierte en un documento técnico detallado que busca fortalecer cadenas de suministro, impulsar inversiones en semiconductores e inteligencia artificial, y reducir el creciente déficit comercial estadounidense.
Un acuerdo que impacta a la industria tecnológica global
El nuevo pacto coloca a Taiwán en igualdad de condiciones frente a competidores asiáticos como Corea del Sur y Japón, cuyos aranceles también rondan el 15%. La medida beneficia especialmente a la poderosa industria de semiconductores taiwanesa, liderada por Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), pieza clave en la producción mundial de chips avanzados.
Durante los primeros 11 meses de 2025, el déficit comercial estadounidense con Taiwán se disparó hasta 126.900 millones de dólares, impulsado por la importación masiva de chips de inteligencia artificial. En plena carrera tecnológica global, Washington busca garantizar acceso estable a estos componentes estratégicos, fundamentales para centros de datos, vehículos eléctricos y defensa.
A la mitad de esta historia, queda claro que Estados Unidos y Taiwán no solo negocian aranceles: negocian el futuro de la economía digital.
Estados Unidos y Taiwán: energía, agricultura y alta tecnología
El documento firmado por la administración de Donald Trump confirma que Taiwán aumentará significativamente sus compras de productos estadounidenses entre 2025 y 2029. Entre los compromisos destacan:
- 44.400 millones de dólares en gas natural licuado y petróleo crudo
- 15.200 millones en aeronaves civiles y motores
- 25.200 millones en equipos eléctricos, marítimos y acero
Además, se eliminarán de inmediato aranceles de hasta 26% sobre importaciones agrícolas estadounidenses como carne de res, lácteos y maíz. Algunos productos, como la panceta de cerdo y el jamón, reducirán sus aranceles del 40% y 32% actuales a un 10%.
El Representante Comercial de EE.UU., Jamieson Greer, aseguró que el acuerdo ampliará oportunidades para agricultores y trabajadores industriales. Desde Taipei, el presidente Lai Ching-te celebró el pacto como “un momento decisivo” para transformar la economía taiwanesa.
Inversiones estratégicas y resiliencia económica
Uno de los puntos más ambiciosos es el compromiso de inversión. Taiwán prometió que sus empresas invertirán 250.000 millones de dólares para expandir producción de semiconductores, energía e inteligencia artificial en EE.UU. De esa cifra, 100.000 millones ya fueron comprometidos por TSMC.
Además, el gobierno taiwanés garantizaría otros 250.000 millones en inversiones adicionales en sectores estratégicos de manufactura de alta tecnología. El objetivo: crear cadenas de suministro resilientes frente a tensiones geopolíticas y posibles disrupciones en Asia.
Este enfoque responde a una lección aprendida durante la pandemia y la guerra comercial: depender de un solo nodo productivo puede paralizar industrias enteras. Ahora, la apuesta es diversificar y blindar la producción crítica.
El trasfondo geopolítico
Aunque el acuerdo es económico, su trasfondo es claramente político. En medio de la rivalidad con China, fortalecer la relación con Taiwán envía un mensaje estratégico sobre cooperación tecnológica y seguridad regional.
La eliminación de barreras no arancelarias para vehículos, dispositivos médicos y productos farmacéuticos también apunta a integrar estándares regulatorios, facilitando comercio y reduciendo fricciones burocráticas.
El Parlamento taiwanés deberá aprobar el pacto, donde la oposición tiene mayoría. Sin embargo, el peso de las cifras y el respaldo presidencial sugieren que el acuerdo tiene altas probabilidades de avanzar.
Un nuevo capítulo para Estados Unidos y Taiwán
La relación entre Estados Unidos y Taiwán entra en una fase de consolidación económica profunda. Más allá de los titulares sobre aranceles, el acuerdo sienta bases para una asociación estratégica en inteligencia artificial, semiconductores y energía.
La historia apenas comienza. Si las inversiones se materializan y las cadenas de suministro se fortalecen, este pacto podría convertirse en uno de los movimientos comerciales más relevantes de la década, redefiniendo el equilibrio tecnológico global y marcando un precedente en la política comercial contemporánea.
Al final, lo que está en juego no son solo números, sino liderazgo económico en la era digital. Y en ese tablero, Estados Unidos y Taiwán acaban de mover una ficha decisiva.


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