El sistema de salud de EE. UU.: ¿Por qué más gasto no significa mejor salud?
Estados Unidos lidera el mundo en gasto en salud, destinando más del 16% de su PIB, muy por encima de países europeos que rondan entre el 10% y el 12%. Sin embargo, el estado de salud de la población norteamericana ha empeorado en las últimas décadas, con una esperanza de vida que se reduce y un aumento en enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes y el Alzheimer.
Un sistema fragmentado y lleno de contrastes
El sistema de salud estadounidense es un entramado complejo:
- Medicare y Medicaid: Programas estatales dirigidos a ancianos y personas de bajos ingresos, respectivamente.
- Seguros privados: Con altos costos y barreras de acceso para muchos ciudadanos.
- Hospitales especializados: Desde instituciones para veteranos de guerra hasta centros de alta tecnología.
- Regulación estricta de medicamentos: A cargo de la FDA, cuya gestión ha sido objeto de polémica por decisiones históricas controvertidas.
A pesar de contar con tecnología avanzada, médicos altamente especializados y una infraestructura sanitaria impresionante, los resultados no están a la altura.
El impacto de las políticas de salud en la calidad de vida
La implementación del Obamacare buscó reducir las desigualdades en el acceso a la salud, ofreciendo planes asequibles. Sin embargo, la crítica se centra en que el sistema sigue favoreciendo a los seguros privados y no ataca de raíz problemas como la obesidad y las enfermedades mentales.
La pandemia de COVID-19 expuso las grietas del sistema:
- Altas tasas de contagio y mortalidad: Estados Unidos tuvo cifras significativamente peores que otros países desarrollados.
- Respuesta desigual: La gestión del virus varió ampliamente entre los 50 estados, lo que complicó el manejo de la crisis.
Un cambio necesario: Robert F. Kennedy Jr. y el autocuidado personal
En este contexto, Robert F. Kennedy Jr. emerge como una figura disruptiva. Con una visión ambientalista y crítica hacia los lobbies del sistema de salud (laboratorios, aseguradoras y corporaciones), propone un enfoque centrado en el autocuidado personal y la prevención integral.
Kennedy aboga por políticas que prioricen:
- Dietas saludables: Combatir la comida ultraprocesada y los alimentos contaminados con pesticidas.
- Vida activa: Promover actividades al aire libre y reducir el estrés crónico.
- Comunidades sostenibles: Inspiradas en modelos de vida indígena, basadas en vínculos familiares sólidos y prácticas agroecológicas.
Para Kennedy, el sistema debe dejar de depender de recursos infinitos y apostar por estrategias preventivas que mejoren la calidad de vida desde la raíz.
El reto de transformar el sistema de salud
El principal desafío de cualquier reforma será enfrentar la resistencia de los grandes intereses económicos que dominan el sistema actual. Lobbies de seguros, laboratorios farmacéuticos y otros actores clave tienen mucho que perder en un modelo que promueva menos intervención médica y más autocuidado.
¿Es posible un cambio real?
La respuesta dependerá de la capacidad de Kennedy y su equipo para implementar políticas públicas que reduzcan la dependencia en tratamientos costosos y fomenten una visión integral de la salud.
Hacia una revolución del autocuidado
El deterioro de la salud en Estados Unidos demuestra que más gasto no siempre equivale a mejores resultados. Con Robert F. Kennedy Jr. liderando un nuevo enfoque basado en la prevención y el autocuidado, el país tiene la oportunidad de convertirse en un modelo global de salud integral. Sin embargo, el camino estará lleno de obstáculos políticos y económicos.
¿Será este el inicio de una revolución en la forma de entender y gestionar la salud?
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