El precio del arroz, el alma de la dieta japonesa, se ha duplicado en el último año, desatando una crisis que golpea directamente el bolsillo de millones de familias, acelera la inflación y pone en jaque al gobierno en un momento de máxima vulnerabilidad política.
Una onda de choque recorre los hogares de Japón. El arroz, un alimento tan fundamental en su cultura como en su dieta, se ha convertido en un producto de lujo de la noche a la mañana. Un aumento de precios sin precedentes está estrangulando los presupuestos familiares, alimentando la inflación a niveles no vistos en más de un año y generando una crisis política para el gobierno del Primer Ministro Shigeru Ishiba.
Los datos: Una Inflación que se siente en el plato
Las cifras oficiales son alarmantes y no dejan lugar a dudas. Según datos del gobierno, el precio del arroz experimentó un aumento interanual del 101% en mayo, una aceleración incluso mayor que el ya impactante 98.4% registrado en abril.
Este incremento ha sido el principal motor detrás del repunte de la inflación subyacente (que excluye alimentos frescos) hasta el 3.7%, su nivel más alto desde enero de 2023. Para el ciudadano común, esto se traduce en que llenar el plato de cada día es ahora significativamente más caro.
Crónica: ¿Por qué se disparó el precio?
La crisis no se debe a un único factor, sino a una convergencia catastrófica de varios problemas, una «tormenta perfecta» que ha colapsado el mercado:
* Clima Extremo: Un verano inusualmente caluroso y seco en 2023 dañó severamente las cosechas de arroz en todo el país, reduciendo drásticamente la oferta disponible para 2024 y 2025.
* Pánico Comprador: Una advertencia gubernamental sobre un posible «megaterremoto» en la Fosa de Nankai, aunque no se materializó, desató una ola de compras de pánico. Los ciudadanos se apresuraron a almacenar alimentos básicos, especialmente arroz, creando una escasez artificial en las tiendas.
* Especulación: Anticipando precios aún más altos, algunos agricultores, mayoristas y comerciantes han estado reteniendo sus existencias de arroz, una práctica de acaparamiento que agrava aún más la escasez en el mercado.
* Aumento de la Demanda: La recuperación del turismo a niveles post-pandémicos ha incrementado la demanda de arroz por parte del sector de la hostelería y la restauración, añadiendo más presión a una oferta ya limitada.
La respuesta del Gobierno: Reservas de emergencia y presión política
En un intento por frenar la escalada, el gobierno japonés ha tomado la medida excepcional de liberar cientos de miles de toneladas de arroz de sus reservas estratégicas nacionales, un recurso normalmente reservado para desastres naturales. Sin embargo, estas liberaciones han tenido un impacto limitado en los precios, que apenas han bajado.
«Los vaivenes políticos y el lento traspaso de los productores a los consumidores significan que la inflación se ralentizará solo gradualmente. Esto mantendrá fuera de alcance una recuperación sostenida de los salarios reales.» – Stefan Angrick, Moody’s Analytics.
Esta crisis alimentaria se ha convertido en una crisis política. La popularidad del Primer Ministro Ishiba se ha desplomado en las encuestas, y la gestión de la situación será un factor clave en las elecciones de julio. Lo que está en juego no es solo la economía, sino la confianza en la capacidad del Estado para garantizar lo más básico: la seguridad alimentaria. Esta crisis ha expuesto la fragilidad del sistema agrícola japonés frente a las presiones combinadas del cambio climático, la demografía y la volatilidad del mercado, forzando un debate nacional sobre el futuro de su autosuficiencia.


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