En 2016, Trump irrumpió como un personaje que dividía a Estados Unidos. Hoy, tras años de presencia mediática y política, su figura ha sido naturalizada incluso por sectores que antes lo rechazaban. La brecha de género, raza, edad e ingreso en las preferencias electorales hacia Trump se ha reducido significativamente.
La narrativa que lo ubica como anti-establishment y defensor de los olvidados ha logrado conectar con hombres blancos, latinos en áreas rurales y personas sin educación universitaria. Este cambio no es anecdótico: refleja un nivel de aceptación que fortalece su base política y lo posiciona como el líder de una derecha transformada y empoderada.
Los demócratas y su crisis de liderazgo
El Partido Demócrata enfrenta un vacío de liderazgo capaz de contrarrestar al trumpismo. Sin un mensaje que conecte con las ansiedades de la clase media y trabajadora, su progresismo no logra resonar en un electorado que siente que está siendo “dejado atrás”.
La falta de figuras carismáticas y estrategias inclusivas ha debilitado su narrativa, particularmente entre los votantes rurales y los menos interesados en los “medios tradicionales”. Esta desconexión pone en duda su capacidad de ofrecer una alternativa sólida frente al discurso de Trump.
Lo que esto significa para México
El impacto de Trump en México no es nuevo: aranceles, muros y amenazas de deportaciones masivas formaron parte de su primera administración. Sin embargo, en 2024, su agenda se ha endurecido aún más:
- Fentanilo y culpabilidad mexicana: Trump culpa directamente a México por las muertes por sobredosis en EE.UU., vinculando el problema al tráfico de drogas y posicionándolo como una amenaza de seguridad nacional.
- Narcolaboratorios y acciones militares: Ha insinuado la posibilidad de intervenciones armadas unilaterales contra cárteles en territorio mexicano, una propuesta que alarma por su implicación en la soberanía nacional.
- México como “caballo de Troya” chino: Trump ha acusado a México de facilitar productos chinos hacia EE.UU., lo que amenaza con justificar medidas proteccionistas y endurecer las condiciones comerciales en el T-MEC.
Estas posturas, respaldadas por un electorado que las validó en las urnas, muestran a México como un blanco recurrente y una herramienta útil en la narrativa política de Trump.
El reto de México: anticipación y estrategia
El panorama obliga a México a prepararse con estrategias claras y diplomacia activa. No se trata solo de enfrentar amenazas directas, sino de reconfigurar su relación con un vecino cada vez más hostil y pragmático.
- Fortalecimiento interno: México debe priorizar una política interna sólida que fortalezca su economía, combata el narcotráfico y mejore la infraestructura fronteriza.
- Cabildeo en EE.UU.: Es crucial construir puentes con sectores estratégicos en EE.UU., incluyendo congresistas, empresarios y líderes de opinión, para contrarrestar narrativas anti-México.
- Un mensaje claro: El gobierno mexicano necesita articular una visión que defienda su soberanía y fortalezca su papel en América del Norte, sin caer en provocaciones ni desplantes.
Conclusión: un México que actúe con inteligencia
La normalización de Trump y sus posturas anti-México representan un desafío sin precedentes. No se trata solo de proteger intereses económicos, sino de defender la soberanía y reconstruir una narrativa que posicione a México como un socio estratégico en lugar de un problema.
El tiempo apremia. Las decisiones que se tomen ahora definirán no solo la relación con Estados Unidos, sino también el rumbo económico y político de México en los próximos años.
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