“Vivimos con miedo”. Con estas palabras, Elvira Gómez, una barrendera de 31 años de Terrassa (Barcelona), ha canalizado el dolor por la muerte de una colega en una campaña viral que ya acumula miles de firmas y que pone sobre la mesa una urgencia europea: legislar para no morir de calor en el trabajo.
A veces, una tragedia personal se convierte en el catalizador de un movimiento social. Eso es lo que ha ocurrido con Elvira Gómez, una trabajadora de limpieza viaria cuya petición en la plataforma Change.org para regular por ley el trabajo al aire libre con temperaturas extremas se ha convertido en un fenómeno viral. Su lucha no nace de la teoría, sino de la pérdida.
El detonante fue la muerte de Montse Aguilar, una compañera de profesión que falleció en Barcelona durante una ola de calor. Poco antes de desplomarse en su casa, Montse envió un mensaje de WhatsApp a un amigo que ahora resuena como un testamento de la precariedad laboral frente a la crisis climática: «He tenido una tarde muy mala. Pensaba que me moría». Había trabajado durante horas a más de 35 grados.
La campaña de Elvira, bajo el lema «El calor nos mata», es un grito que trasciende las fronteras de su ciudad y de España. Es la voz de millones de trabajadores en toda Europa —en la construcción, en la agricultura, en los servicios de reparto— que cada verano se enfrentan a un riesgo laboral cada vez más letal.
Un Vacío Legal que Cuesta Vidas
La iniciativa de Gómez expone un peligroso vacío normativo. Aunque en España el Real Decreto 486/1997, modificado en 2023, obliga a las empresas a adaptar las condiciones de trabajo cuando se emiten alertas meteorológicas de nivel naranja o rojo, los sindicatos y trabajadores lo consideran insuficiente. La petición de Elvira es clara: no basta con medidas reactivas, se necesita una ley nacional con umbrales de temperatura específicos que prohíban ciertas tareas. «Cada comunidad autónoma debería tener su propia temperatura límite. No es lo mismo Barcelona que Andalucía», reclama.
Este vacío no es solo español. A nivel europeo, no existe una directiva vinculante que establezca temperaturas máximas de trabajo. La Confederación Europea de Sindicatos (ETUC, por sus siglas en inglés) lleva tiempo exigiendo una legislación común, argumentando que el cambio climático está convirtiendo el estrés térmico en uno de los principales riesgos para la salud y la seguridad laboral en el continente.
«Trabajar al aire libre a 35 grados sin una ley que nos proteja es inhumano. Lo que ha empezado como algo pequeño, quiero que sirva para que el día de mañana no tenga que morir más gente trabajando.» – Elvira Gómez, impulsora de la campaña.
El Clima Cambia, las Leyes No
La urgencia de esta demanda se apoya en datos contundentes. Los accidentes laborales relacionados con el calor están en aumento. Según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) de España, el peligro de sufrir un accidente laboral se incrementa un 17.4% durante las olas de calor. A nivel global, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que más del 70% de la fuerza laboral mundial está expuesta al calor excesivo en algún momento.
La historia de Elvira Gómez es un ejemplo poderoso de cómo la acción ciudadana, impulsada por una experiencia auténtica y dolorosa, puede escalar a través de las plataformas digitales para desafiar la inacción política. Su campaña no es solo una petición; es un reflejo de una sociedad que percibe que las leyes no avanzan al mismo ritmo que la emergencia climática.
La viralidad de su lucha demuestra que ha tocado una fibra sensible y universal. El miedo a que el trabajo, la fuente del sustento, se convierta en una sentencia de muerte por el calor, es una ansiedad compartida que exige una respuesta legislativa a la altura del desafío.


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