En el corazón de Europa, Suiza se convierte en escenario de un encuentro esperado pero tenso: China y Estados Unidos se sientan a negociar por primera vez desde que estalló la guerra comercial iniciada por Donald Trump. Con tarifas que alcanzan hasta el 145%, y con millones de empleos en juego, ambos países parecen dispuestos a intentar un nuevo comienzo.
El viceprimer ministro He Lifeng lidera la delegación china, mientras Scott Bessent, secretario del Tesoro, representa a la Casa Blanca. Ninguno llega con promesas, pero sí con presión interna y global.
Una guerra arancelaria sin tregua
La guerra comercial comenzó con un tuit. El 1 de febrero, Trump impuso nuevos aranceles a productos chinos, justificándolo con el desequilibrio comercial. China respondió con fuerza: aranceles del 125% y un endurecimiento en su postura diplomática. La relación se fue tensando, y la pausa de 90 días que EE.UU. otorgó a otros países no incluyó a Beijing.
Este cruce de medidas impactó la economía global, y especialmente al mercado laboral chino, con estimaciones que señalan la posible pérdida de 10 millones de empleos si la tensión persiste.
Beijing exige respeto y “sinceridad”
La prensa oficial china, como El Diario del Pueblo, ha dejado clara la postura del gobierno de Xi Jinping: no hay intención de ceder sin reciprocidad. El mensaje es firme: “China protegerá sus intereses de desarrollo”. Además, sugieren que el gigante asiático está diversificando sus socios comerciales, reduciendo su dependencia de EE.UU.
Para muchos analistas, este encuentro en Suiza no será el fin del conflicto, pero sí puede marcar un punto de inflexión estratégico.
Trump, Perdue y la “información asimétrica”
Del lado estadounidense, la estrategia es diferente. El gobierno confía en su posición de ventaja basada en el déficit comercial. “China nos vende cinco veces más de lo que compramos”, señaló Bessent. En ese contexto, Trump promueve una política de “información asimétrica” para negociar con mayor ventaja.
La llegada del nuevo embajador David Perdue, con experiencia en cadenas de suministro globales, es vista como una jugada clave. Su papel podría facilitar un canal de comunicación más técnico y menos confrontativo.
¿Acuerdo a la vista? Los analistas no lo creen
Académicos chinos como Chen Dongxiao advierten que un “gran acuerdo” con Trump es improbable. Sin embargo, podrían lograrse pactos sectoriales limitados, especialmente en tecnología, energía o agricultura.La incertidumbre se mantiene. Si bien las dos potencias comparten el interés por estabilizar sus economías, los antecedentes y las posturas públicas indican que el proceso será lento, fragmentado y probablemente frágil.
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