En una declaración que eleva la tensión en Asia, un alto comandante de la Flota del Pacífico de EE.UU. afirmó que el «abuso» de China en el Mar de China Meridional ha fracasado y aseguró que sus fuerzas están listas para «prevalecer en combate si es necesario».
En una escalada verbal que resuena en todas las capitales de Asia, un alto comandante naval de Estados Unidos declaró que los intentos de China por dominar el disputado Mar de China Meridional a través de «tácticas de matonismo» han fracasado. Las declaraciones, cargadas de una contundencia poco habitual, prometen un mayor respaldo a las naciones del Sudeste Asiático que se resisten a la presión de Beijing.
El almirante Stephen Koehler, comandante de la Flota del Pacífico de EE.UU., pronunció el discurso en un foro en Manila, la capital de Filipinas, precisamente en el noveno aniversario del fallo de arbitraje internacional de 2016 que invalidó los reclamos históricos de China sobre la estratégica vía fluvial. La elección del lugar y el momento no parece ser una coincidencia, sino una maniobra de comunicación estratégica deliberada para reafirmar la validez del fallo y enmarcar las acciones de China como un desafío continuo al derecho internacional.
La acusación directa de Washington
Durante su intervención, el almirante Koehler no escatimó en adjetivos para describir las acciones de Beijing en la región. Afirmó que las tácticas de China se han vuelto «cada vez más agresivas con embestidas, cañones de agua, láseres y, a veces, cosas peores».
El núcleo de su mensaje fue una declaración directa y desafiante: «Pero a pesar de estas tácticas de intimidación… China no ha logrado intimidar a los reclamantes del Sudeste Asiático para que renuncien a sus derechos soberanos».
Koehler subrayó el compromiso de Washington con sus aliados, asegurando que la misión de la Flota del Pacífico es disuadir la agresión y «prevalecer en combate si es necesario», y envió un mensaje claro a la región: «ningún país puede ser presionado individualmente». Esta promesa de respaldo militar se produce en un momento de máxima tensión, coincidiendo con los ejercicios militares de Taiwán que incluyen el despliegue de sistemas de cohetes HIMARS de fabricación estadounidense.
«Hemos visto una loable resiliencia y determinación para defender sus derechos marítimos frente a la creciente presión. Casi todos los estados litorales del Sudeste Asiático están ahora priorizando capacidades marítimas más fuertes.» – Almirante Stephen Koehler, Comandante de la Flota del Pacífico de EE.UU.
La Resistencia Regional y la Respuesta China
Para respaldar su afirmación, Koehler citó ejemplos concretos de resistencia. Mencionó cómo Indonesia, Malasia y Vietnam han mantenido e incluso expandido sus operaciones de petróleo y gas en sus Zonas Económicas Exclusivas a pesar de la creciente asertividad de Beijing.
Elogió especialmente la estrategia de Filipinas de exponer públicamente las peligrosas maniobras de las fuerzas chinas, calificándola de «loable resiliencia y determinación». Esta validación de la estrategia mediática filipina refuerza la narrativa de una resistencia regional coordinada y cada vez más visible.
El foro en Manila contó con la presencia de embajadores de potencias occidentales y asiáticas, incluyendo Canadá, Australia, Francia, Alemania, la Unión Europea, Japón y Nueva Zelanda, lo que proyecta una imagen de un frente diplomático unificado.
Por su parte, China ha rechazado sistemáticamente el fallo de 2016, calificándolo de «circo político» y «nulo e ilegal». Beijing sostiene que Estados Unidos es una fuerza externa que está «creando problemas» en la región y que las disputas deben resolverse pacíficamente entre las naciones asiáticas implicadas.
A pesar de la dura retórica, los canales diplomáticos no se han cerrado por completo. Funcionarios filipinos y chinos planean celebrar otra ronda de conversaciones en Beijing para discutir sus disputas, en un intento por evitar una mayor escalada.
La combinación de un discurso militar contundente, el respaldo a un fallo legal internacional y la coincidencia con maniobras militares en Taiwán sugiere una estrategia estadounidense coordinada y multifacética. Washington parece estar pasando de una postura reactiva a una proactiva, buscando tomar el control de la narrativa y demostrar que el equilibrio de poder en el Indo-Pacífico está lejos de estar decidido.


TE PODRÍA INTERESAR