Cuba atraviesa una de las peores crisis eléctricas de su historia reciente. Según la estatal Unión Eléctrica (UNE), este sábado cerca del 47% del territorio nacional enfrentará apagones simultáneos en el horario de mayor consumo, entre la tarde y la noche, cuando millones de familias encienden ventiladores y aires acondicionados para contrarrestar el calor tropical.
El país caribeño vive desde agosto de 2024 un deterioro sin precedentes en su sistema energético, cuyas consecuencias se sienten con especial dureza en ciudades como Santiago de Cuba y Holguín, donde los cortes de luz superan las 20 horas diarias. En La Habana, la situación también es crítica, con hasta 16 horas continuas sin electricidad.
Un sistema eléctrico al borde del colapso
La UNE informó que para el horario pico de esta jornada la capacidad máxima de generación será de apenas 2,022 MW, frente a una demanda estimada en 3,700 MW. Esto significa un déficit de 1,674 MW y una afectación real que podría alcanzar los 1,744 MW.
Actualmente, cinco de las 20 unidades de generación termoeléctrica están fuera de servicio por averías o mantenimientos prolongados, y 75 centrales de generación distribuida no operan por falta de combustible, específicamente diésel y fueloil.
La mayoría de estas infraestructuras datan de hace décadas, sin inversiones significativas para su modernización. Expertos apuntan a que el colapso del sistema eléctrico cubano es resultado de una infrafinanciación crónica y una gestión estatal centralizada desde 1959.
Factores detrás de la crisis: escasez de combustible y sanciones
El gobierno cubano responsabiliza principalmente a las sanciones económicas de Estados Unidos, que limitan la importación de recursos clave, incluyendo combustibles. Sin embargo, analistas independientes sostienen que el principal problema es interno: una red energética envejecida, sin recursos para reparaciones y sin autonomía operativa para responder a la demanda actual.
Para recuperar la infraestructura, según estimaciones externas, se requerirían entre 8,000 y 10,000 millones de dólares, una suma que el país no puede asumir en su actual estado económico.
Impacto social: protestas, frustración y descontento
Los cortes prolongados de electricidad no solo afectan las condiciones de vida de millones de cubanos, sino que alimentan un creciente malestar social. Desde las protestas masivas del 11 de julio de 2021, los apagones han sido una constante fuente de indignación. La falta de luz no solo implica incomodidad, sino también pérdidas económicas, escasez de alimentos refrigerados, afectaciones al sector salud y la interrupción del sistema educativo.
El silencio oficial ante la magnitud del problema ha intensificado la frustración. Mientras tanto, ciudadanos denuncian en redes sociales cómo los apagones paralizan por completo sus ciudades, impiden el acceso a servicios básicos y deterioran aún más la ya precaria calidad de vida.
¿Qué sigue para Cuba?
Cuba enfrenta una tormenta energética perfecta: sin combustible, sin divisas, con plantas deterioradas y una creciente tensión social. Los pronósticos para los próximos meses no son alentadores, y cada día más cubanos se ven forzados a reorganizar sus vidas en función de cuándo habrá luz.
El país necesita soluciones estructurales urgentes, inversiones extranjeras y apertura tecnológica si quiere evitar que el apagón se convierta en norma, no en excepción.


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