BYD, uno de los mayores orgullos tecnológicos de China y líder mundial en vehículos eléctricos, se encuentra en el centro de una tormenta internacional. Israel ha prohibido sus coches a militares, acusándolos de ser herramientas de espionaje para Pekín.
Desde las sedes corporativas de Shenzhen hasta los centros de poder en Pekín, la noticia ha caído como una bomba: BYD, el gigante de los vehículos eléctricos y uno de los principales estandartes de la innovación china, ha sido acusado de ser un caballo de Troya para el espionaje estatal. En una decisión de alto impacto, el Ministerio de Defensa de Israel ha prohibido que sus oficiales utilicen los populares coches de la marca, desatando una crisis de confianza que amenaza la expansión global de uno de los campeones nacionales de China.
La acusación israelí es directa y grave: los vehículos de BYD, equipados con una plétora de sensores, cámaras y micrófonos, estarían recopilando datos sensibles y transmitiéndolos a servidores en China. Esta percepción de que los coches son «sofisticados sistemas de recopilación de información» ha llevado a una de las naciones más avanzadas en ciberseguridad a tomar una medida drástica que resuena en todo el mundo.
El Impacto en la Estrategia «Made in China 2025»
Este escándalo no es solo un problema comercial para una empresa; es un golpe estratégico para la ambiciosa iniciativa «Made in China 2025». Este plan, diseñado por el gobierno de Xi Jinping, busca transformar a China de una fábrica mundial a una superpotencia tecnológica, líder en industrias de vanguardia como la inteligencia artificial, la robótica y los vehículos de nueva energía.
BYD es una pieza central de esta estrategia. Su éxito global es una prueba del potencial tecnológico de China. Sin embargo, la base de cualquier liderazgo tecnológico global es la confianza. Incidentes como la prohibición israelí socavan esta confianza de manera fundamental, alimentando la narrativa occidental de que la tecnología china, ya sea de Huawei, TikTok o BYD, no es segura y sirve a los intereses del Partido Comunista. La desconfianza puede convertirse en una barrera más infranqueable que cualquier arancel.
Silencio Oficial y Enfoque en la Estabilidad Interna
Mientras la controversia crece a nivel internacional, la reacción oficial desde Pekín y desde la propia BYD ha sido de un silencio calculado. No ha habido una respuesta específica a las graves acusaciones formuladas por los expertos en seguridad israelíes. La estrategia parece ser la de siempre: calificar las acusaciones como parte de una campaña de desprestigio con motivaciones políticas y proteccionistas, sin entrar a debatir los detalles técnicos.
Este silencio contrasta con las noticias que dominan los medios estatales chinos, centradas en la fortaleza y la estabilidad interna de la nación. Informes del día destacan logros como la producción récord de grano de verano, que alcanzó los 150 millones de toneladas, y los esfuerzos por revitalizar el consumo interno de servicios, mostrando un gobierno enfocado en garantizar la autosuficiencia y la prosperidad doméstica frente a las presiones externas.
«China se opondrá firmemente a cualquier acuerdo alcanzado a expensas de sus intereses… China nunca lo aceptará y se opondrá resueltamente para salvaguardar sus legítimos derechos.» – Portavoz del Ministerio de Comercio de China, sobre las negociaciones comerciales con EE.UU..
Aunque esta cita se refiere a las negociaciones arancelarias, refleja la postura desafiante de Pekín ante lo que considera presiones injustas de Occidente. La crisis de espionaje con los coches BYD se enmarca en esta «guerra económica» más amplia, donde la tecnología es el principal campo de batalla. Para China, perder la confianza del mercado global podría significar un retroceso significativo en su carrera por la supremacía tecnológica.


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