Crisis energética vuelve a sacudir la vida cotidiana en Cuba. Esta vez, el golpe alcanza directamente a la educación superior: la Universidad de La Habana anunció la suspensión de sus clases presenciales durante 30 días, una medida inédita que refleja la profundidad del desabasto de combustible que enfrenta la isla, agravado por el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos.

La casa de estudios más emblemática del país informó que, a partir del viernes 6 de febrero, todas las carreras y programas de Técnico Superior Universitario pasarán a modalidad semipresencial. La decisión forma parte de un paquete de ajustes urgentes para sostener las actividades académicas en medio de una crisis que afecta la generación eléctrica, el transporte y múltiples servicios básicos.
Universidad de La Habana transforma sus escenarios educativos
En un comunicado oficial, la dirección universitaria orientó posponer las actividades relacionadas con el Congreso Universidad 2026 y rediseñar los procesos de enseñanza. Cada facultad deberá evaluar qué actividades requieren presencia física y cuáles pueden desarrollarse mediante plataformas digitales.
Además, se instruyó a los colectivos docentes a adaptar los programas de estudio a las condiciones actuales, promoviendo tareas que puedan realizarse desde los domicilios o en los territorios. El objetivo es preservar la continuidad del aprendizaje sin poner en riesgo a estudiantes y trabajadores ante las limitaciones energéticas.
Este giro hacia la educación semipresencial evidencia cómo la crisis energética en Cuba obliga a replantear dinámicas históricas del sistema universitario, que tradicionalmente ha privilegiado la formación presencial.
Escasez de combustible y apagones marcan la vida diaria
La suspensión de clases no es un hecho aislado. Forma parte de un contexto más amplio caracterizado por apagones frecuentes, reducción del transporte público y dificultades para sostener actividades productivas. Desde diciembre, el país no recibe cargamentos regulares de combustible, lo que ha mermado la capacidad de generación eléctrica.
El presidente Miguel Díaz-Canel reconoció públicamente los severos problemas para garantizar el suministro de crudo, indispensable no solo para la electricidad, sino también para sectores estratégicos como la salud, la agricultura y la industria.
Estas limitaciones han obligado al gobierno a priorizar servicios esenciales, mientras instituciones educativas, centros laborales y dependencias públicas buscan alternativas para mantener operaciones mínimas.
Washington decreta emergencia y endurece presión sobre la isla
El trasfondo de la situación, según el gobierno cubano, es el endurecimiento de la política estadounidense. El pasado 29 de enero, el presidente Donald Trump decretó una emergencia nacional por una supuesta amenaza proveniente de Cuba y firmó una orden ejecutiva que permite imponer aranceles adicionales a los países que suministren petróleo a la isla.
Para La Habana, esta medida constituye un bloqueo energético que busca frenar la llegada de combustible y asfixiar la economía nacional. Díaz-Canel calificó la estrategia como “agresiva y criminal”, al considerar que castiga directamente a la población civil.
El mandatario aseguró que Washington pretende disuadir a terceros países de comerciar con Cuba, elevando los costos y riesgos de cualquier operación vinculada al suministro de crudo.

Educación en tiempos de crisis energética: resistencia y adaptación
Ante este escenario, la Universidad de La Habana apuesta por la resiliencia institucional. El uso de plataformas online, la reorganización de calendarios y la flexibilización de contenidos académicos se convierten en herramientas clave para atravesar el momento.
Estudiantes y profesores enfrentan el reto de continuar su formación en condiciones complejas, con acceso limitado a electricidad e internet en muchos hogares. Aun así, la comunidad universitaria busca sostener el proceso educativo como un acto de resistencia frente a la adversidad.
La suspensión temporal de la presencialidad también abre un debate sobre la brecha digital, la equidad en el acceso al conocimiento y la necesidad de fortalecer infraestructuras tecnológicas en un país sometido a fuertes restricciones externas.

Una medida temporal en una crisis prolongada
Aunque la suspensión está prevista inicialmente por 30 días, las autoridades no descartan nuevos ajustes dependiendo de la evolución del suministro energético. Mientras tanto, la educación superior cubana se adapta a una realidad marcada por la incertidumbre.
La decisión de la Universidad de La Habana simboliza cómo la crisis energética trasciende lo económico y alcanza dimensiones sociales profundas, impactando directamente en la formación de miles de jóvenes. En medio del bloqueo petrolero y las tensiones geopolíticas, Cuba vuelve a reorganizar su vida cotidiana para sostener sus instituciones fundamentales.


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