El Coliseo Romano, conocido en la antigüedad como Anfiteatro Flavio, es una de las maravillas más emblemáticas de Roma y del mundo. Construido entre los años 70 y 80 d.C. bajo los emperadores Vespasiano y Tito, fue escenario de combates de gladiadores y grandes espectáculos que emocionaron a miles de espectadores. Sin embargo, quienes hoy visitan este majestuoso monumento notan que gran parte de su estructura original ha desaparecido, despertando una gran curiosidad sobre el destino de esas piedras milenarias.
El gran terremoto de 1349: un golpe devastador para el Coliseo
Aunque durante siglos el Coliseo resistió el paso del tiempo, en 1349 un terremoto sacudió violentamente Roma y provocó el colapso del anillo exterior, principalmente en el lado sur del anfiteatro. Estudios geotécnicos recientes indican que la combinación del tipo de suelo —grava compacta en el norte y suelos aluviales blandos en el sur— amplificó el impacto del sismo en esta última zona, acelerando el deterioro de la estructura.
Este evento marcó el inicio de una etapa de abandono y deterioro que permitió la dispersión y reutilización de sus materiales en otros sitios.
Saqueos y reutilización: el Coliseo convertido en cantera de Roma
Durante siglos, el Coliseo se transformó en una especie de cantera para Roma, pues sus robustos bloques de travertino fueron extraídos y empleados para levantar monumentos como la Basílica de San Pedro en el Vaticano y el Palacio Barberini. También sus piedras fueron utilizadas en la construcción de puentes, murallas y edificios emblemáticos de la ciudad.
Así, muchas de las piedras que faltan en el Coliseo pueden verse hoy formando parte de otros tesoros arquitectónicos, contando una historia de reciclaje forzado que refleja la evolución urbana de Roma a lo largo de los siglos.
Primeras restauraciones y protección del patrimonio
No fue sino hasta el siglo XIX que el Coliseo comenzó a recibir atención para evitar su colapso definitivo. Aunque hubo ideas polémicas como convertirlo en fábrica de lana, fue gracias al impulso de papas como Pío VII y Pío IX que arrancaron los primeros trabajos para conservarlo.
En el siglo XX, bajo Benito Mussolini, el Coliseo cobró protagonismo como símbolo del Imperio Romano y se llevaron a cabo importantes restauraciones, incluyendo la recuperación del hypogeum, la red subterránea que servía para acceder a la arena.
Más recientemente, entre 2013 y 2021, una inversión millonaria superior a los 40 millones de euros permitió continuar la labor de restauración, consolidando el Coliseo como un patrimonio vivo y vibrante.
El Coliseo hoy: legado, turismo y piedra repartida
Actualmente, el Coliseo recibe cerca de 13 millones de visitantes al año, que admiran no solo su grandiosidad sino también los secretos que guarda en su estructura fragmentada. Cada piedra dispersa, cada arco derrumbado, es testimonio de una Roma que se adapta, reutiliza y preserva su historia.
El anfiteatro no solo es un símbolo del poder antiguo, sino un ejemplo de cómo la historia y la naturaleza moldean monumentos que continúan siendo parte activa del tejido urbano y cultural.


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