La inflación de la Eurozona cae al 1.9%, por debajo del objetivo del BCE. Pero la alegría dura poco: la amenaza de aranceles de Trump pone en jaque la economía.
La Eurozona ha alcanzado un hito económico clave: la inflación anual cayó al 1.9% en mayo, situándose por debajo del objetivo del 2% del Banco Central Europeo por primera vez en ocho meses. Sin embargo, la celebración es contenida ante la inminente amenaza de una guerra comercial con EE.UU..
En un panorama económico global marcado por la incertidumbre, la Eurozona ha recibido una noticia alentadora. Los datos finales de Eurostat confirmaron que la tasa de inflación anual en los países que comparten el euro se situó en el 1.9% en mayo de 2025, una desaceleración notable desde el 2.2% registrado en abril. Este dato es significativo porque coloca la inflación por debajo del objetivo a medio plazo del 2% fijado por el Banco Central Europeo (BCE), un logro que ha tardado meses en materializarse.
La Batalla Contra la Inflación: Una Victoria Pírrica
La caída de la inflación general fue impulsada principalmente por dos factores: una desaceleración en la inflación del sector servicios, que bajó al 3.2%, y una continua caída en los precios de la energía, que descendieron un 3.6% interanual. No obstante, no todas las presiones de precios han desaparecido. La inflación de los alimentos, el alcohol y el tabaco se aceleró, subiendo al 3.2%.
La situación varía considerablemente entre los distintos países de la Eurozona, reflejando las diversas realidades económicas del continente.
Estos datos, especialmente la baja inflación en economías clave como Francia, proporcionaron la justificación que el BCE necesitaba para actuar.
La Respuesta del BCE: Recorte de Tipos con la Mirada en Washington
Anticipando esta tendencia, el Banco Central Europeo tomó una decisión crucial el pasado 5 de junio: reducir sus tipos de interés de referencia por primera vez en casi un año. La tasa de depósito, que es la principal herramienta del BCE para dirigir la política monetaria, se redujo en 0.25 puntos porcentuales, hasta el 2.00%.
En su comunicado, el BCE justificó la medida basándose en su «evaluación actualizada de las perspectivas de inflación» y la fortaleza de la transmisión de su política monetaria. Sin embargo, la institución con sede en Fráncfort fue extremadamente cautelosa sobre sus próximos movimientos.
> «El Consejo de Gobierno no se compromete de antemano con una senda de tipos concreta. Seguirá un enfoque dependiente de los datos y de reunión en reunión.» – Declaración del BCE.>
Esta cautela no es casual. El BCE es plenamente consciente de que su principal desafío ya no es la inflación interna, sino una amenaza externa sobre la que no tiene control.
La Amenaza Externa: ¿Cómo los Aranceles Pueden Revertir el Progreso?
La principal sombra que se cierne sobre la economía europea es la posibilidad de una guerra comercial total con Estados Unidos. El propio BCE reconoció en sus proyecciones que una escalada de las tensiones comerciales resultaría en un crecimiento e inflación por debajo de sus previsiones.
Altos funcionarios del banco han expresado su preocupación. La presidenta Christine Lagarde ha instado a eliminar barreras dentro del Mercado Único para impulsar el crecimiento, mientras que el vicepresidente Luis de Guindos ha advertido de que «los vientos de cola de la economía… empiezan a ser menos intensos».
Esto sitúa al BCE en una «trampa política». Ha utilizado su principal herramienta, los tipos de interés, para cumplir su mandato de controlar la inflación. Pero ahora se enfrenta a un problema de naturaleza geopolítica —la amenaza de aranceles de Trump— que puede causar un shock económico masivo, ralentizando el crecimiento y potencialmente reavivando la inflación a través de la disrupción de las cadenas de suministro. Frente a esto, las herramientas de un banco central son limitadas.
La economía europea ha ganado una batalla, pero la guerra por la estabilidad y la prosperidad está lejos de terminar. Las decisiones que se tomen en Washington en las próximas semanas tendrán un impacto mucho mayor que cualquier medida que pueda adoptar el BCE.
