El origen inmediato de las protestas en Irán fue económico. El aumento sostenido de precios, especialmente en alimentos básicos como la carne, generó indignación en amplios sectores de la población. Sin embargo, con el paso de los días, las manifestaciones evolucionaron hacia una crítica frontal al sistema político y al liderazgo del ayatolá Ali Khamenei, de 86 años.
Este movimiento se ha convertido en el mayor reto interno para el régimen desde hace tres años, y uno de los más complejos desde la guerra de 12 días con Israel ocurrida en junio, un conflicto que dejó al país en una situación geopolítica aún más frágil.
Represión, muertos y silencio digital
La respuesta del Estado ha sido contundente. Iran Human Rights, con sede en Noruega, informó haber confirmado la muerte de al menos 192 manifestantes. El dato ya supera ampliamente balances previos y podría quedarse corto.
El Centro para los Derechos Humanos en Irán (CHRI), con sede en Estados Unidos, advirtió que existen testimonios creíbles que apuntan a cientos de víctimas mortales. Ambas organizaciones coinciden en que el bloqueo total de internet, que ya supera las 60 horas, impide conocer la magnitud real de la represión.
NetBlocks, organismo que monitorea la conectividad global, alertó que este apagón digital representa una amenaza directa para la seguridad de la población, al impedir la comunicación, la solicitud de ayuda y la documentación de abusos.
Hospitales desbordados y denuncias de masacre
A mitad de la crisis de las protestas en Irán, empiezan a surgir datos alarmantes sobre el colapso del sistema de salud. Activistas denuncian hospitales abrumados, escasez de sangre y heridos con impactos de bala, especialmente en los ojos, una práctica documentada en represiones anteriores.
Videos difundidos en redes sociales —filtrados pese al apagón— muestran morgues con familiares identificando cuerpos, aunque estas imágenes no han podido ser verificadas de manera independiente.
La Agencia de Noticias de Activistas por los Derechos Humanos informó por su parte 116 muertos, incluyendo 37 miembros de fuerzas de seguridad, lo que refleja la escalada de violencia en ambos bandos.
Detenciones masivas y discurso oficial
El jefe de la policía nacional, Ahmad Reza Radan, anunció detenciones “significativas” de figuras destacadas del movimiento, sin ofrecer cifras ni identidades. En paralelo, altos funcionarios han endurecido el discurso.
Alí Larijani, jefe de seguridad, reconoció que las protestas por dificultades económicas son “comprensibles”, pero calificó las manifestaciones actuales como “disturbios similares a métodos terroristas”, una narrativa que busca justificar el uso de fuerza extrema.
El presidente Masud Pezeshkian llamó a no permitir que “alborotadores” alteren la sociedad, en sus primeras declaraciones tras el recrudecimiento de la violencia.
Presión internacional y riesgo de escalada
El contexto internacional añade tensión a las protestas en Irán. Estados Unidos reiteró estar “dispuesto a ayudar” al pueblo iraní, mientras que desde Teherán se lanzaron advertencias directas: ante un eventual ataque estadounidense, los intereses militares de EE.UU. serían “objetivos legítimos”.
Israel pidió a la Unión Europea que declare al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria como organización terrorista, reforzando el aislamiento diplomático del régimen.
Incluso el papa León XIV se refirió a la situación, llamando al diálogo y a la paz, un gesto simbólico que refleja la gravedad del momento.
Un país paralizado y una incógnita abierta
Teherán permanece prácticamente detenida. Comercios cerrados, calles vigiladas y una población que, pese al miedo, sigue saliendo a protestar. Reza Pahlavi, hijo del último sah, llamó a no abandonar las calles, alimentando un movimiento que carece de liderazgo centralizado pero mantiene una presión constante.
Las protestas en Irán no son solo un estallido social: son el reflejo de una fractura profunda entre el Estado y una sociedad agotada por la crisis económica, la represión y la falta de canales de expresión.
Mientras el régimen intenta controlar la narrativa mediante el silencio digital, el costo humano sigue creciendo. Y con cada hora sin información, la pregunta es la misma: ¿cuántas víctimas más hay detrás del apagón?
Las protestas en Irán continúan, y su desenlace sigue siendo una de las mayores incógnitas políticas del momento.
