Barcelona ha sido designada la ciudad más masificada por el turismo en el mundo, según un reciente estudio. Con zonas que superan los 200,000 turistas por kilómetro cuadrado, la tensión social aumenta y las protestas vecinales se intensifican.
Barcelona ha cruzado un umbral crítico. Lo que durante años fue un motor económico y un imán para visitantes de todo el mundo se ha convertido en una fuente de conflicto y malestar. Un estudio reciente ha puesto cifras a la percepción de los barceloneses, coronando a la capital catalana como la ciudad con la mayor densidad turística del planeta. En zonas emblemáticas como el Barrio Gótico o el entorno de la Sagrada Familia, se alcanzan picos de más de 200,000 turistas por kilómetro cuadrado.
Este dato, que ha sido ampliamente difundido por medios nacionales e internacionales, no es solo una estadística. Se ha convertido en un arma para los movimientos vecinales y activistas que denuncian que el modelo turístico de la ciudad ha llegado a un punto de ruptura. La prestigiosa guía de viajes ‘Fodor’s Travel’ ya incluyó a Barcelona en su «No List» de 2025, desaconsejando viajar a la ciudad para protegerla de la masificación.
La calle como campo de batalla
La paciencia de los residentes se ha agotado, y la frustración se ha desbordado en las calles. Las manifestaciones contra el turismo masivo son cada vez más frecuentes y visibles. Con lemas como «El turismo nos roba el pan, el techo y el futuro», cientos de personas han salido a protestar, llevando a cabo acciones simbólicas que buscan visibilizar el conflicto.
Estas acciones incluyen el precinto simbólico de hoteles, el lanzamiento de bombas de humo y el uso de pistolas de agua contra escaparates de tiendas de lujo o autobuses turísticos. Aunque minoritarias, estas protestas logran una gran repercusión mediática, amplificando el mensaje de que una parte de la ciudad se siente expulsada de su propio hogar.
«El turismo masivo nos afecta a diario. Hay ritmos que son insoportables. Cuanto más turismo, más trabajo al mismo sueldo. Estamos cada vez más explotadas.» – Juani Pérez, camarera de hotel y miembro de Kellys Unión Cataluña.
Las consecuencias de este modelo son tangibles:
- Crisis de Vivienda: El aumento descontrolado de los pisos turísticos dispara los precios del alquiler, expulsando a los vecinos de sus barrios.
- Saturación de Servicios: El transporte público, la limpieza y los servicios básicos se ven desbordados.
- Pérdida de Identidad: El comercio local tradicional es reemplazado por tiendas de souvenirs y franquicias orientadas al turista.
Una tasa turística en el limbo
Mientras la tensión crece, las soluciones políticas parecen estancadas. El plan de la Generalitat y el Ayuntamiento para implementar una nueva tasa turística más elevada, que podría haber llegado hasta los 11 euros por noche en hoteles de lujo, fue aplazado inesperadamente. Prevista para el 1 de mayo de 2025, la medida se pospuso hasta, al menos, el otoño de 2025 debido a la falta de consenso político y a la fuerte presión del sector turístico.
Este aplazamiento ha sido un alivio temporal para la industria hotelera, pero una fuente de frustración para los que ven en la fiscalidad una herramienta para mitigar los efectos negativos del turismo. El Ayuntamiento, por su parte, ha reabierto la guerra contra plataformas como Airbnb, exigiéndoles la retirada de anuncios de pisos ilegales en 48 horas.
Barcelona se encuentra en una encrucijada. La etiqueta de «ciudad más masificada del mundo» es una advertencia global. La ciudad debe decidir urgentemente qué tipo de turismo quiere y cómo gestionarlo de forma justa y sostenible antes de que la joya del Mediterráneo muera de éxito.


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