Ayuda a Ucrania. Con esas palabras, directas y urgentes, el presidente Volodimir Zelensky volvió a interpelar a los aliados occidentales en uno de los momentos más críticos del conflicto. El invierno ha llegado acompañado de una intensificación de los ataques rusos, una estrategia que busca debilitar no solo las defensas militares de Kiev, sino también la resistencia civil y económica del país.
En un mensaje difundido a través de la red social X, Zelensky reveló que Rusia lanzó cerca de 300 drones de ataque —en su mayoría del modelo Shahed— junto con 18 misiles balísticos y siete misiles de crucero. El objetivo principal fue la infraestructura energética y las subestaciones eléctricas, un patrón que se ha repetido durante meses y que cobra especial gravedad con las bajas temperaturas.
La ofensiva, según el mandatario ucraniano, provocó una “extensa destrucción de infraestructura residencial y civil” en regiones clave como Kiev, Odesa, Kharkiv, Donetsk, Dnipropetrovsk, Zaporizhzhia, Sumy y Zhitomir. Más allá del impacto inmediato, el mensaje de Zelensky apunta a un riesgo mayor: sin sistemas de defensa aérea suficientes, Ucrania enfrenta un invierno marcado por apagones, interrupciones logísticas y un aumento del costo humanitario.
Ayuda a Ucrania y la urgencia de los sistemas de defensa aérea
Para Zelensky, la ayuda a Ucrania no puede esperar. El presidente subrayó que el apoyo internacional “es indetenible”, pero insistió en que debe traducirse en entregas más rápidas de misiles y equipos para los sistemas de defensa aérea, especialmente los ya acordados con Estados Unidos y países europeos.
Durante la noche, uno de los ataques más mortales ocurrió en la ciudad nororiental de Kharkiv, donde al menos cuatro personas murieron y varias resultaron heridas. El gobernador regional, Oleg Synegubov, confirmó que seis personas fueron atendidas tras impactos registrados en las afueras de la ciudad. Las imágenes difundidas por la fiscalía regional muestran a los servicios de emergencia trabajando entre los restos de un edificio de la empresa postal Nova Poshta, severamente dañado.
El alcalde de Kharkiv, Igor Terekhov, informó además que un dron ruso de largo alcance impactó una instalación médica infantil, provocando un incendio. Aunque no hubo víctimas en ese punto, el hecho refuerza las denuncias de Kiev sobre ataques a objetivos civiles.
Infraestructura bajo fuego y millones sin electricidad
La estrategia rusa de atacar infraestructuras críticas se ha intensificado. En Odesa, los bombardeos en dos oleadas dañaron edificios residenciales, un hospital y un jardín de infantes, dejando al menos cinco heridos. En la región de Kiev, cientos de miles de hogares permanecen sin electricidad, lo que obligó a las autoridades a desplegar los llamados “puntos de invencibilidad”, centros de apoyo con calefacción, agua y energía básica.
Este patrón no es nuevo, pero sí cada vez más agresivo. Desde hace meses, Moscú mantiene ataques diarios con drones y misiles, con énfasis en el sistema energético. La semana pasada, el uso de un misil balístico Oreshnik —con capacidad nuclear— generó una fuerte condena internacional. Washington calificó el lanzamiento como una “peligrosa e inexplicable escalada” del conflicto.

Ataques a barcos civiles y amenaza al comercio global
La guerra también se ha trasladado al mar Negro. El viceprimer ministro para la Reconstrucción de Ucrania, Oleksí Kuleba, denunció nuevos ataques contra barcos civiles bajo banderas extranjeras. Un carguero con bandera de Panamá fue alcanzado por un dron mientras esperaba entrar a puerto para cargar aceite vegetal, dejando un tripulante herido. En otro incidente, un buque con bandera de San Marino que transportaba grano también fue atacado.
Para Kiev, estos episodios confirman que Rusia está atacando deliberadamente el comercio internacional y la seguridad marítima. Las rutas del mar Negro son esenciales no solo para la economía ucraniana, sino para el suministro global de alimentos, lo que añade una dimensión geopolítica y humanitaria al conflicto.
Un llamado que define el invierno de la guerra
A mitad de este escenario devastador, ayuda a Ucrania se convierte en algo más que una consigna diplomática. Es una advertencia sobre lo que está en juego: la protección de millones de civiles, la estabilidad energética de un país entero y la seguridad de rutas comerciales estratégicas.
Zelensky ha dejado claro que el tiempo es un factor crítico. Cada retraso en la entrega de sistemas de defensa aérea se traduce en más apagones, más víctimas y mayor presión sobre una población que enfrenta el invierno bajo amenaza constante.
Al cierre de este llamado, el mensaje es contundente. Ayuda a Ucrania no es solo una petición política, sino una exigencia urgente ante una escalada que redefine el equilibrio del conflicto y pone a prueba la respuesta de la comunidad internacional.


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