La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) reveló una alarmante caída del 12% en la Inversión Extranjera Directa (IED) en América Latina y el Caribe durante 2024, encendiendo las alarmas sobre el futuro del empleo y el desarrollo en la región.
El flujo de capital extranjero hacia América Latina ha sufrido un duro golpe. Un nuevo y contundente informe de las Naciones Unidas detalla una realidad económica preocupante para la región: la inversión foránea, motor clave para la creación de empleos e infraestructura, está en franco retroceso por segundo año consecutivo, lo que plantea serios desafíos para el futuro inmediato.
Las Cifras del Desplome: Un Vistazo a los Datos de la ONU
Los datos presentados en el «Informe Mundial de Inversiones 2025» de la UNCTAD son inequívocos. La Inversión Extranjera Directa (IED) en América Latina y el Caribe se contrajo en un 12%, pasando de $187,000 millones en 2023 a solo $164,000 millones en 2024. Esta caída es particularmente significativa si se compara con las tendencias en otras partes del mundo en desarrollo.
Mientras que África experimentó un notable aumento del 75% en la IED (aunque impulsado en gran medida por un megaproyecto en Egipto) y Asia en desarrollo vio una disminución modesta de solo el 3%, América Latina se destaca por su vulnerabilidad. El informe especifica que la caída fue «especialmente pronunciada» en Suramérica.
Una de las causas directas de este descenso fue la brusca caída en las fusiones y adquisiciones transfronterizas, un componente vital de la IED. Esta tendencia se vio fuertemente influenciada por una ralentización de la actividad en el mercado de Brasil, la economía más grande de la región, que aunque sigue siendo el líder en captación de inversión, experimentó una reducción considerable.
¿Por Qué se Frena la Inversión? Las Causas Detrás de la Caída
El informe de la ONU no deja lugar a dudas: la principal causa de esta retirada de capital es un cóctel de incertidumbre geopolítica global y políticas comerciales agresivas. Los expertos de la ONU señalan directamente el impacto potencial de medidas como el arancel generalizado del 10% propuesto en Estados Unidos, que, según sus cálculos, podría provocar una devastadora disminución del 20% en las exportaciones de muchos países en desarrollo.
Esta inestabilidad global ha provocado un cambio de mentalidad en las grandes corporaciones multinacionales. Según la UNCTAD, las empresas están priorizando cada vez más la gestión de riesgos a corto plazo por encima de las estrategias de inversión y expansión a largo plazo. En este clima de aversión al riesgo, los proyectos en América Latina se posponen. La ONU advierte que las perspectivas para finales de 2025 no parecen ser mejores, lo que sugiere que la cautela inversora ha llegado para quedarse.
No Todo son Malas Noticias: La Oportunidad en las Energías Renovables
A pesar del sombrío panorama general, el informe revela una tendencia subterránea que podría definir el futuro económico de la región. Aunque el valor total de la inversión ha caído, los anuncios de proyectos greenfield —es decir, inversiones para construir instalaciones completamente nuevas— han aumentado en mercados clave como Argentina, Brasil y México.
Este fenómeno sugiere un cambio estructural en el tipo de dinero que llega a la región. Podría estar disminuyendo la inversión especulativa o de adquisición de activos existentes, pero el capital estratégico destinado a construir el futuro sigue fluyendo. La ONU es explícita al señalar que la mayoría de las futuras inversiones se concentrarán en el sector de las energías renovables, con Centroamérica y México posicionados para liderar esta transición. Los responsables políticos de la región ya han tomado nota, impulsando activamente sectores de vanguardia como el hidrógeno verde.
En esta búsqueda de nuevos horizontes financieros, algunas naciones ya están moviendo sus fichas. Un ejemplo claro es la reciente incorporación oficial de Colombia al Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS, una medida que busca diversificar sus fuentes de financiación más allá de las tradicionales instituciones occidentales.
«La caída de la inversión significa empleos que no se crean, infraestructuras que no se construyen y un desarrollo sostenible que se retrasa.» – ONU Comercio y Desarrollo
El Impacto en la Vida Real: Menos Empleo, Más Desafíos
La macroeconomía puede parecer distante, pero las cifras de la ONU tienen consecuencias directas y tangibles para millones de personas. Como la propia organización advierte, una menor IED se traduce en «empleos que no se crean, infraestructuras que no se construyen y un desarrollo sostenible que se retrasa».
Este freno en la inversión agrava un problema ya crítico: el déficit de financiación para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU. Se estima que los países en desarrollo necesitan unos $4 billones de dólares anuales adicionales para cumplir estas metas, un objetivo que, con la actual fuga de capitales, parece cada vez más inalcanzable. La caída de la inversión no es solo una cifra en un informe; es una amenaza directa al progreso social y económico de América Latina.


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