Imagina un país donde el tiempo se detuvo no por elección, sino por falta de energía. El lunes por la noche, el mundo conoció un detalle hasta ahora oculto de la diplomacia estadounidense: se está gestando un acuerdo con Cuba. No fue a través de un comunicado frío, sino mediante las palabras directas de Donald Trump a bordo del avión presidencial. El mandatario, con el tono pragmático que lo caracteriza, describió una realidad desoladora: la isla es hoy una «nación fallida» donde ni siquiera el combustible alcanza para que los aviones despeguen de sus pistas.
Este escenario de oscuridad total ha forzado a Washington a mover sus fichas. El estratega principal en este tablero es el secretario de Estado, Marco Rubio, quien mantiene conversaciones directas con el régimen para evitar lo que ya se cataloga como una catástrofe humanitaria sin precedentes en el hemisferio.
Marco Rubio: El arquitecto de la nueva presión diplomática
La elección de Rubio para liderar este acuerdo con Cuba es simbólica y estratégica. El secretario, de raíces cubanas, ha sido históricamente el mayor crítico del castrismo, pero la urgencia del 2026 ha cambiado las reglas. Tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, el flujo de petróleo que alimentaba a la isla se cortó de raíz. Sin el «pulmón» venezolano, Cuba ha colapsado.
«Marco Rubio está hablando con Cuba ahora mismo», enfatizó Trump. El objetivo es claro: un acuerdo que alivie la crisis pero que, a su vez, responda a las demandas de libertad de la comunidad cubanoamericana en Estados Unidos. La presión no es solo diplomática; es existencial. El embargo sigue apretando, y Trump fue claro: «No hay petróleo, no hay dinero, no hay nada».
¿Por qué ahora es posible un acuerdo con Cuba?
La respuesta reside en la geopolítica de la escasez. Durante décadas, Cuba sobrevivió gracias a subsidios externos. Hoy, con Rusia distraída y Venezuela bajo una nueva administración tras la caída de Maduro, La Habana se encuentra sola. La administración Trump ha utilizado esta debilidad no para invadir, sino para negociar desde una posición de fuerza absoluta.
- El factor energético: Más del 80% de los sistemas de bombeo de agua en Cuba dependen de una red eléctrica que hoy está en ruinas.
- La amenaza humanitaria: Sin combustible, la distribución de alimentos se ha detenido, poniendo en riesgo la estabilidad social básica.
- La postura de Díaz-Canel: Aunque el dictador cubano afirma querer negociar «como iguales», la realidad de sus aeropuertos vacíos y sus ciudades a oscuras sugiere que el margen de maniobra es nulo.
La sombra de Venezuela y la opción militar
Muchos analistas se preguntaban si el destino de Cuba sería similar al de Caracas. Ante la pregunta de una posible intervención militar, Trump fue esquivo pero contundente: «No sería una operación muy difícil, pero no creo que sea necesario». Esta frase resume la doctrina actual: ¿para qué usar la fuerza cuando el colapso energético está logrando que el régimen se siente a la mesa a buscar un acuerdo con Cuba?
El presidente también envió un mensaje de esperanza a Florida y a todos los exiliados.
«Tenemos muchos cubanoamericanos estupendos y van a estar muy contentos cuando puedan volver y saludar a sus familiares».
Esta declaración sugiere que el acuerdo en proceso contempla no solo temas energéticos, sino también de movilidad y apertura económica para el sector privado cubano.
Un futuro incierto pero inevitable
A medida que avanzan las horas, la presión aumenta. Países como México han tenido que ceder ante las amenazas de aranceles de Trump, deteniendo sus envíos de crudo a la isla. El aislamiento es casi total. En este contexto, el trabajo de Marco Rubio se vuelve vital. No se trata solo de política, se trata de reescribir la historia de una relación que lleva más de 60 años fracturada.
La moneda está en el aire. La Casa Blanca espera que el hambre y la falta de luz obliguen a una transición que el embargo no logró por sí solo. Al final del día, lo que hoy parece una negociación de emergencia podría convertirse en el acuerdo con Cuba más importante del siglo XXI, transformando para siempre el equilibrio de poder en el Caribe.


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