La guerra entre las facciones del Cártel de Sinaloa, lideradas por Los Chapitos y La Mayiza, ha llegado a niveles alarmantes. En medio de una ola de enfrentamientos armados y ataques directos a fuentes de financiamiento, una nueva amenaza se cierne sobre el panorama de violencia: el asesinato de políticos y empresarios presuntamente vinculados a estas organizaciones criminales.
De acuerdo con el especialista en narcotráfico José Luis Montenegro, esta nueva etapa en el conflicto no solo debilitará las redes económicas del narcotráfico, sino que también expondrá las relaciones ocultas entre figuras clave del ámbito político y empresarial con estas facciones delictivas.
La guerra interna del Cártel de Sinaloa
Quince días después del secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada, Sinaloa se transformó en una zona de guerra. Los enfrentamientos entre Los Chapitos y La Mayiza no se limitaron a las calles; los ataques a casinos, restaurantes y otros negocios fachada fueron parte de una estrategia para destruir las fuentes de ingreso de sus adversarios.
Convoyes de sicarios se desplazaron en diversas regiones del estado, sembrando terror y mostrando el poderío de ambos bandos. Sin embargo, esta guerra no se limita a la violencia entre grupos: ahora los ataques apuntan a figuras clave fuera del ámbito criminal.
Políticos y empresarios en el blanco
Montenegro advierte que el siguiente paso en esta escalada de violencia será el asesinato de políticos y empresarios vinculados a las facciones del Cártel. Estos ataques no solo buscan intimidar, sino también desarticular las redes sociales y económicas que sostienen a las organizaciones criminales.
“Habrá asesinatos de políticos y piezas clave de empresarios que están vinculados con Los Chapitos o La Mayiza”, explicó el experto, subrayando que esta violencia tendrá repercusiones políticas y sociales profundas en el estado.
Ejemplos recientes: asesinatos sin esclarecer
En los últimos meses, Sinaloa ha sido testigo de hechos que ilustran esta dinámica. Uno de los casos más emblemáticos fue el homicidio de Héctor Melesio Cuén, diputado federal electo por PRI y PAN, ocurrido el mismo día en que “El Mayo” Zambada fue secuestrado. Este asesinato reveló presuntas conexiones entre figuras políticas y grupos delictivos, así como tensiones internas entre actores clave del estado.
Otro caso fue el asesinato del dueño del restaurante “La Chuparrosa Enamorada”. Primero, su negocio fue incendiado; días después, su cuerpo apareció sin vida. Aunque el móvil del crimen sigue sin esclarecerse, el patrón de violencia parece alinearse con la estrategia descrita por Montenegro.
El papel de las autoridades
Uno de los mayores obstáculos para frenar esta ola de violencia, según Montenegro, es la actuación de las autoridades locales. Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa, ha sido señalado como omiso e incluso cómplice de algunos líderes criminales. Esta percepción de impunidad refuerza la escalada de violencia y podría derivar en una crisis al interior del partido gobernante, Morena.
“Un gobernador que no ha permitido la paz social porque ha estado en contubernio con muchas de estas organizaciones”, enfatizó Montenegro, dejando claro que las autoridades deben asumir un papel más firme para contener la situación.
Conclusión: Sinaloa, un estado en crisis
La guerra interna del Cártel de Sinaloa ha trascendido las fronteras del narcotráfico, impactando directamente en la estabilidad política y económica del estado. La violencia contra políticos y empresarios no solo debilita a las facciones criminales, sino que también amenaza con desestabilizar el tejido social y político de la región.
Las próximas semanas serán cruciales para entender el alcance de esta escalada. Mientras tanto, la población de Sinaloa enfrenta una crisis sin precedentes, atrapada en el fuego cruzado entre el crimen organizado y la inacción de las autoridades.
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