El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca marca el inicio de un periodo de alta tensión entre México y Estados Unidos. Las políticas agresivas de Trump, ahora respaldadas por una mayoría republicana, se presentan como un desafío significativo para la presidenta Claudia Sheinbaum, quien hereda problemas acumulados a lo largo de años y agravados durante el último sexenio.
Según un informe del Crisis Group, la administración Sheinbaum deberá navegar en un contexto donde el equipo de Trump “tiene a México en la mira”. La propuesta de figuras clave, como el representante Mike Waltz, de autorizar el uso de la fuerza contra los cárteles mexicanos, es solo la punta del iceberg.
Migración y comercio: las cartas fuertes de Trump
El control migratorio será un punto de presión clave. Trump ya ha prometido deportaciones masivas, lo que amenaza con desestabilizar las relaciones bilaterales y agravar la crisis humanitaria en la frontera. Además, el presidente republicano ha condicionado las políticas comerciales a la reducción del flujo de migrantes y el combate al tráfico de fentanilo.
Para México, cuya economía depende en gran medida de las exportaciones a su vecino del norte, estas demandas se traducen en un dilema económico y político. La presidenta Sheinbaum deberá encontrar un equilibrio entre defender la soberanía nacional y evitar sanciones comerciales perjudiciales.
Violencia y seguridad: el talón de Aquiles
Uno de los puntos más sensibles es la seguridad. La narrativa republicana de un México inseguro y desbordado por el narcotráfico ha calado en sectores amplios de la sociedad estadounidense.
Con más de 150,000 muertos relacionados con el narcotráfico en el último sexenio, la percepción de un país fuera de control es difícil de contrarrestar. Sheinbaum necesitará replantear la cooperación en materia de seguridad con Estados Unidos, apostando por acuerdos estratégicos que fortalezcan el combate al crimen organizado sin comprometer la soberanía nacional.
Los desafíos de una relación deteriorada
La compleja relación entre ambos países no es nueva, pero se ha intensificado en los últimos años:
- TLCAN y su legado: El Tratado de Libre Comercio fue señalado como causante de la pérdida de empleos en Estados Unidos, alimentando el discurso anti-México en la política estadounidense.
- Crisis migratoria: Las caravanas de migrantes y el incremento de refugiados en la frontera han exacerbado las tensiones.
- Política exterior: La postura de México hacia Cuba, Venezuela y Nicaragua ha generado roces con sectores latinos en Estados Unidos, particularmente entre los votantes de origen cubano y centroamericano.
El camino a seguir: soberanía con diálogo
El gobierno de Sheinbaum no puede permitirse posturas defensivas ni confrontaciones abiertas. En su lugar, deberá:
- Fortalecer las instituciones de seguridad: Una cooperación estratégica que priorice la transparencia y los resultados.
- Reforzar la diplomacia: Un diálogo abierto con líderes estadounidenses que permita desactivar tensiones y construir puentes.
Defender la soberanía con argumentos sólidos: Mostrar resultados claros en temas clave como migración y seguridad será fundamental para negociar desde una posición de fortaleza.
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