Rosario Piedra busca repetir en la CNDH tras gestión polémica y cuestionada

Rosario Piedra busca otra gestión en la CNDH a pesar de críticas y baja calificación de ONGs.

Rosario Piedra Ibarra, actual presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), ha causado una polémica inusual al aspirar a una segunda gestión en la institución. Durante su mandato, las críticas no han cesado: su cercanía al gobierno federal y una percepción generalizada de falta de autonomía en su gestión han convertido a la CNDH en blanco de cuestionamientos. Hoy, la propuesta de su reelección está envuelta en descalificaciones, tanto de organizaciones civiles como de activistas de derechos humanos.

En términos históricos, la CNDH ha tenido momentos de independencia y otros de conflicto con el gobierno en turno, pero en su mayor parte, ha sido una institución evaluada favorablemente en materia de autonomía. Sin embargo, con Rosario Piedra, el panorama cambió drásticamente. Su gestión ha sido vista como subordinada al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, y esta percepción de «sumisión institucional» ha generado frustración en defensores de derechos humanos. La historia reciente de la CNDH invita a cuestionar: ¿cómo llegó Piedra a esta situación, y cómo es posible que busque una segunda oportunidad?

Un historial polémico y la sombra del gobierno

Desde que asumió el cargo en 2019, Rosario Piedra fue blanco de críticas. A diferencia de otros titulares, se percibió como cercana a la administración de López Obrador, y muchos observadores señalaron una actitud complaciente hacia el gobierno en temas sensibles de derechos humanos. Los ejemplos de su falta de acción en casos de abusos estatales no pasaron desapercibidos para los activistas ni para la sociedad civil. Este ambiente de tensión marcó un antes y un después en la relación entre la CNDH y la ciudadanía, que espera una postura firme y crítica hacia el poder.

El más reciente intento de Piedra por quedarse en el cargo ha generado un rechazo rotundo entre colectivos de derechos humanos, quienes consideran que su desempeño ha sido un fracaso. La senadora Kenia López Rabadán, así como el senador Emilio Álvarez Icaza, señalaron que mantener a Rosario Piedra en la CNDH sería “un golpe mortal” a los derechos humanos en México. Las calificaciones otorgadas a Piedra por ONGs fueron bajas, situándola entre los últimos lugares en las evaluaciones de candidatos.

La intervención del Senado y el escándalo por la carta falsa

La situación tomó un giro más controversial cuando el senador Javier Corral admitió que la inclusión de Piedra en la terna final fue producto de “cuestiones políticas” y no de méritos. Corral, otrora crítico del gobierno y ahora vinculado a Morena, ha sido calificado de “traidor” en redes sociales. La decisión de integrarla en la terna, pese a las calificaciones negativas, mostró el nivel de influencia que la administración federal parece tener en la selección de altos cargos de vigilancia ciudadana.

Además, la situación se agravó cuando Rosario Piedra presentó una carta de recomendación de un obispo que, al ser consultado, negó haber emitido el documento. El escándalo no solo resquebrajó aún más su candidatura, sino que también subrayó el nivel de controversia que rodea su nombre. La carta falsa se convirtió en un emblema del desorden y desprecio por la transparencia que, según sus críticos, ha caracterizado su gestión.

El Comité Eureka y el descontento de los propios aliados

El Comité Eureka, organización de derechos humanos fundada por Rosario Ibarra, madre de Piedra, se ha pronunciado en contra de su reelección. Este posicionamiento es particularmente relevante, ya que el Comité ha tenido un peso histórico en la defensa de los desaparecidos y representa una referencia moral importante en el activismo en México. La postura de Eureka ilustra una fractura dentro del movimiento de derechos humanos y muestra cómo la falta de liderazgo en la CNDH ha afectado incluso a sus aliados más cercanos.

¿Qué implica una posible reelección de Rosario Piedra?

La posibilidad de que Rosario Piedra sea ratificada para un nuevo periodo en la CNDH plantea varias interrogantes sobre el futuro de la institución. Para muchos, su reelección podría significar la consolidación de una CNDH al servicio del gobierno y la pérdida de una instancia crítica que debería actuar en defensa de la ciudadanía, en especial frente a violaciones de derechos humanos por parte de entidades estatales.

La percepción de sumisión de la CNDH hacia el gobierno en turno es una señal preocupante para la democracia mexicana, ya que las instituciones autónomas deben actuar como contrapeso del poder. En este contexto, organizaciones de la sociedad civil han hecho un llamado a los senadores para que reconsideren la inclusión de Piedra en la terna final. Las reacciones de colectivos, activistas y medios de comunicación reflejan un descontento generalizado ante la posibilidad de que la CNDH siga sin cumplir con su misión de proteger a los ciudadanos.

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