Era jueves por la tarde en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH). Un grupo de estudiantes se atrincheró en el edificio A, decididos a resistir. Afuera, trabajadores sindicalizados y guardias presionaban para desalojarlos. La escena se volvió viral en redes sociales: golpes, sillazos y el recuerdo de los años más oscuros del porrismo universitario.
Los alumnos, cansados de lo que consideran imposiciones y desconocimiento de su representación legítima, habían convocado a una consulta para decidir un paro general. Pero la votación fue interrumpida por el cierre de planteles y la intervención de trabajadores, generando un clima de miedo y tensión.
Suspensión de clases y rumores de violencia
La Universidad de Guadalajara (UdeG) suspendió actividades en distintos campus, incluyendo el CUCEI y el CUCS, donde miles de jóvenes fueron desalojados. En otras unidades, como Tonalá y Ciencias Biológico Agropecuarias, circularon rumores sobre la presencia de personas armadas, lo que provocó pánico y la salida masiva de estudiantes.
En medio de la incertidumbre, la administración central emitió un comunicado informando que los días 15 y 16 de septiembre serían descanso obligatorio por petición de los sindicatos. Para los alumnos, la medida fue interpretada como una estrategia para desmovilizar el movimiento estudiantil.
Los votos que se contaron en la calle
En el CUCEI, los estudiantes habían comenzado a votar cuando fueron desalojados. Las puertas se cerraron e incluso se soldaron, permitiendo el ingreso únicamente a miembros de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) y personal administrativo.
Lejos de rendirse, los jóvenes decidieron continuar el conteo en la calle: 1,342 votos a favor de la huelga, 135 en contra y 3 nulos. Aunque no toda la comunidad pudo participar, el resultado fue contundente y alimentó la convicción de continuar con la organización del paro general.
Acusaciones de represión y hostigamiento
Los estudiantes señalan que durante las asambleas, trabajadores tomaban fotos, grababan y hostigaban constantemente. Algunos docentes intervinieron para resguardar la salida de alumnos y evitar enfrentamientos mayores.
El Movimiento Estudiantil Interuniversitario denunció que no busca violencia ni destrozos, sino un cambio democrático dentro de la universidad.
“No vamos a permitir que nos golpeen de nuevo; la inconformidad crece cada día”, señaló una de las paristas.
¿Qué sigue en la UdeG?
Aunque las clases se reanudarán oficialmente el 17 de septiembre, el movimiento estudiantil anunció que continuará con las acciones rumbo a un paro general. La tensión entre autoridades, sindicatos y alumnos no parece disminuir, y el conflicto ha abierto un debate nacional sobre la libertad estudiantil, la democracia universitaria y el papel de los sindicatos en la vida académica.
Lo que ocurre en Guadalajara podría marcar un precedente en la defensa de la autonomía universitaria y el derecho a la organización de los estudiantes en México.
El caso de la UdeG refleja una universidad dividida entre la tradición sindical, la fuerza de la FEU y la voz creciente de los alumnos que exigen ser escuchados. El desenlace de este conflicto no solo impactará a la comunidad universitaria de Jalisco, sino que podría influir en los movimientos estudiantiles en todo el país.


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