Salud mental durante el embarazo… un problema olvidado

Opinión: Mayra Chávez Courtois

Sorprende que en estos tiempos no se considere por gran parte de la sociedad la salud mental, siendo elemental en el ser humano y fundamental para la integridad de cualquier persona. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) define a la salud mental como “un estado de bienestar que permite a las personas afrontar el estrés de la vida, desarrollar sus habilidades, aprender, trabajar y contribuir a su comunidad. Es un derecho humano fundamental y esencial para el desarrollo personal y socioeconómico”. 

La salud mental materna o también conocida como salud  materna perinatal, según la asociación Maternal Mental Health Alliance (MMHA), abarca el bienestar emocional y psicológico durante el embarazo y el posparto; también menciona que el estrés y los cambios hormonales son detonadores de la depresión o ansiedad en esa etapa reproductiva. 

Comúnmente, cuando se conversa en la sociedad sobre la depresión durante la etapa perinatal, gran parte de las personas coloca la depresión en la etapa postparto, omitiendo que la depresión también se puede presentar durante el embarazo. Cuando una embarazada muestra síntomas de depresión, usualmente las personas con las que convive suelen pronunciar una serie de prejuicios respecto al estado de ánimo de la gestante, justificando con ello, el estado emocional con frases como: “como estás embarazada tienes locas las hormonas, por eso te pones triste”. 

Esos comentarios minimizan la realidad emocional por la que está pasando la embarazada, ignorando una posible depresión. Igualmente se presenta el caso de que, a pesar del estado emocional por el cual está atravesando la gestante, este es ignorado por las personas cercanas, quienes suelen anteponer el mandato sociocultural respecto a la responsabilidad que según deben cumplir las embarazadas, haciendo referencia a que ellas deben tener un ánimo positivo y alegre durante todo su embarazo para no afectar al bebé. En ambas situaciones se le resta importancia al estado emocional por el cual está cursando las gestante, favoreciendo consecuencias en su salud mental y afectando al binomio madre-hijo/a. 

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, una de cada cinco mujeres en el mundo manifiestan algún tipo de trastorno mental durante el embarazo o el primer año posparto; algunos de ellos son ansiedad, depresión, trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), trastorno de estrés postraumático (TEPT) o psicosis posparto, además se sabe que pueden presentar trastornos alimentarios. 

En México, según datos del Instituto Nacional de Psiquiatría, dos de cada 10 mujeres experimentan depresión durante el embarazo y durante el primer año tras el parto; lo más grave es que el 75 por ciento de este grupo de mujeres no se diagnostica y tampoco recibe ni tratamiento ni la atención adecuada, lo que se vuelve un problema de salud pública. 

La salud mental materna es un problema de salud pública, debido, entre otras causantes, a la falta de una cultura del cuidado emocional que en general todas las personas ejercemos. Para el caso de las embarazadas, la percepción social que se tiene sobre el cuidado, está sobretodo enfocado en el proceso adecuado del embarazo, si revisamos desde el ámbito médico la definición acompañada con las indicaciones de lo que debe de ser un adecuado embarazo, lo podemos resumir con las siguientes líneas: el proceso adecuado del embarazo comienza con la fecundación, seguida de la implantación del embrión en el útero y culmina con el nacimiento del bebé. 

Durante este periodo, tanto la madre como el feto experimentan cambios significativos. La madre debe mantener un estilo de vida saludable, incluyendo una dieta balanceada y la ingesta de ácido fólico, para apoyar el desarrollo del embrión (Reproducción Asistida, ORG). Desde esta perspectiva médica, los cambios por los que atraviesa la gestante hacen referencia a los físicos, pero también a los emocionales, los cuales son considerados como cambios y no como un estado anímico, restándole importancia a la experiencia emocional por la que está pasando la embarazada. Sería importante que se reconozcan y atiendan las expresiones anímicas de las gestantes como parte fundamental del proceso adecuado del embarazo. 

La salud mental no se resuelve por voluntad de las embarazadas, es necesario que se considere como parte de la atención integral perinatal en la que puedan asistir todas las embarazadas, al menos una vez durante su control prenatal para ser valoradas, y se escuchen sus necesidades. Para ello, urge que se reconozca el servicio de psicología como parte medular en la atención perinatal pública en el cual todas las embarazadas puedan llevar su atención obstétrica en paralelo con la psicológica. 

Es cierto que para que se dé una cobertura completa en los servicios de salud públicos no es suficiente con la buena voluntad de las autoridades. “La Secretaría de Salud reitera su compromiso con la atención integral en salud materna y hace un llamado a priorizar el bienestar emocional en todas las etapas de la vida reproductiva”.

Creo que todas y todos estamos convencidos de que se debe priorizar el bienestar emocional de las gestantes; sin embargo, para que una buena voluntad pase de frases a hechos es apremiante que se contemple dentro de los servicios de salud, primeramente personal adecuado, es decir, profesionales de la salud mental especializados en la atención perinatal; que se cuente con una plantilla adecuada que cubra el servicio en los distintos niveles de atención, enfatizando en las regiones más vulnerables de la  sociedad, esas que por su condición sociocultural y económica tienden a presentar mayormente estados emocionales desfavorables. Una atención perinatal conveniente es cuando se acepta que la salud mental materna también es relevante.

Mayra Chávez Courtois
Mayra Chávez Courtois
Doctora en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, en la Ciudad de México, con una especialización en Estudios de la Mujer por la UAM Xochimilco. Investigadora en Ciencias Médicas en el Instituto Nacional de Perinatología, con enfoque en salud sexual y reproductiva, embarazo adolescente, morbimortalidad y salud materna desde una perspectiva sociomédica, cultural y de género. Perteneciente al Sistema Nacional de Investigadores Nivel 1 y vocal del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Investigadores de los Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (AMIINSHAE, A.C.). Es autora del libro “Infertilidad y Reproducción Asistida: Una mirada antropológica. Dimensiones del cuerpo, género y parentesco”.
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