Antes de las campañas masivas de vacunación, la poliomielitis fue una de las enfermedades más temidas en México. A mediados del siglo pasado, miles de familias vivieron de cerca sus consecuencias: niños con parálisis permanente, largos tratamientos de rehabilitación y hospitales llenos de menores conectados a los llamados “pulmones de acero”.
La polio es provocada por el poliovirus, que afecta el sistema nervioso central y se transmite principalmente por vía fecal-oral, a través de agua o alimentos contaminados. Los síntomas inician con fiebre, dolor de cabeza y rigidez muscular, pero en los casos más graves causa la pérdida del movimiento en brazos o piernas e incluso la muerte.
De acuerdo con la epidemióloga Eugenia Sánchez, la poliomielitis fue durante décadas una de las mayores preocupaciones para las familias mexicanas, especialmente por el impacto que tenía en la infancia.
“Durante muchos años, las familias vivieron con el miedo constante de que sus hijos se contagiaran de polio. Luego los vecinos escuchaban que un niño del vecindario había enfermado para que todos entraran en pánico. Era una amenaza silenciosa, que podía aparecer en cualquier momento y cambiarle la vida a una familia entera”, explicó.
Agregó que México llegó a registrar más de mil casos anuales durante la primera mitad del siglo XX y el impacto fue tan grande que la llegada de la vacuna se convirtió en uno de los momentos más importantes de la salud pública moderna.
“Era una enfermedad muy agresiva y sumamente dolorosa para las familias. No había un tratamiento curativo y los casos graves dejaban secuelas de por vida”, comentó.
Las gotitas que cambiaron el rumbo
La introducción de la vacuna oral contra la poliomielitis en los años sesenta transformó el panorama. Gracias a las campañas nacionales de vacunación y al trabajo de miles de brigadistas, la enfermedad comenzó a desaparecer de manera sostenida.
“El esfuerzo fue enorme. Había que llegar a todas partes, desde las ciudades hasta las comunidades más alejadas. Fue una labor que involucró a médicos, enfermeras, promotores y sobre todo a las familias”, señala la epidemióloga
Como parte de los resultados de este esfuerzo, el último caso de polio en México se registró en 1990, y en 1994 la Organización Panamericana de la Salud (OPS) declaró al país libre de transmisión del poliovirus salvaje. Desde entonces, no se ha reportado ninguno nuevo.
“Fue un logro colectivo. Sin la confianza de las familias en las vacunas, este avance no habría sido posible. Cada dosis aplicada fue una vida protegida y que dio al país un panorama positivo ante esta enfermedad”.
Tres décadas sin casos, pero con vigilancia
Aunque México cumple 30 años sin casos de poliomielitis, los especialistas insisten en que no se debe bajar la guardia. El virus todavía circula en algunos países, como Pakistán y Afganistán, y puede reaparecer en regiones donde la cobertura de vacunación es baja.
“La polio no desapareció del mundo. Mientras siga activa en cualquier país, existe el riesgo de reintroducción. Por eso debemos mantener los esquemas de vacunación completos y actualizados”, advierte Sánchez.
En el país, la cobertura nacional supera el 90%, de acuerdo con el Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia (CENSIA). Sin embargo, la pandemia provocó una disminución temporal en la asistencia a las campañas, lo que obliga a reforzar la comunicación con las familias.
“Hoy muchos padres jóvenes nunca han visto un caso de polio, y eso puede generar la idea de que ya no es necesaria la vacuna. Justo ahí está el peligro: olvidar lo que ya se logró”, explicó la epidemióloga.
En ese sentido, las autoridades de salud mantienen cada año la Semana Nacional de Salud Pública, durante la cual se aplican refuerzos de la vacuna a menores de cinco años para asegurar que ninguna generación quede sin protección.
El valor de la prevención
La erradicación de la polio es considerada uno de los mayores logros sanitarios del país. No solo significó eliminar una enfermedad, sino consolidar una cultura de prevención que permitió enfrentar otras epidemias con mejores herramientas.
“Las vacunas no solo protegen a quien las recibe, también protegen a los demás. Son una inversión colectiva. Gracias a ellas, millones de niños en México pueden crecer sin miedo a quedar paralizados o a depender de una máquina para respirar. Vacunar no es un trámite, es una decisión que cambia vidas. La polio nos enseñó que la prevención funciona, pero también que los logros en salud deben cuidarse todos los días”, dijo Sánchez.
La epidemióloga Eugenia Sánchez hizo un llamado a no bajar la guardia y a mantener completos los esquemas de vacunación en los recién nacidos, al recordar que la prevención sigue siendo la herramienta más efectiva contra enfermedades erradicadas en el país.
Síntomas de la polio
- Fiebre alta repentina
- Dolor de cabeza y rigidez en el cuello
- Dolor muscular intenso
- Náuseas o vómitos
- Debilidad en brazos o piernas
- En casos graves, parálisis permanente o dificultad para respirar
Formas de transmisión
- Contacto con agua o alimentos contaminados
- Falta de lavado de manos después de ir al baño
- Consumo de alimentos preparados sin higiene
- Contacto directo con secreciones de una persona infectada
Esquema de vacunación contra la polio en México
- Primera dosis: a los 2 meses de edad
Segunda dosis: a los 4 meses - Tercera dosis: a los 6 meses
- Refuerzo: entre los 18 meses y 4 años
- Vacuna utilizada: antipoliomielítica inactivada (IPV) y, en campañas, vacuna oral (OPV)
Recomendaciones
- Mantener actualizados los esquemas de vacunación en todos los niños y niñas
- Acudir al centro de salud incluso si el menor parece sano
- Evitar la desinformación sobre las vacunas.
- Participar en las Semanas Nacionales de Salud Pública
- Conservar la cartilla de vacunación al día


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