El colectivo Madres Buscadoras de Sonora volvió a alzar la voz este fin de semana para exigir seguridad y apoyo oficial en sus labores de rastreo de personas desaparecidas. Durante una nueva jornada en campo, las integrantes denunciaron la falta de elementos de resguardo y los riesgos que enfrentan al realizar un trabajo que, recuerdan, debería ser responsabilidad del Estado mexicano.
Acompañadas apenas por un agente de seguridad, las buscadoras expusieron que su vulnerabilidad se ha convertido en una amenaza constante. “¿Cuántas familias estamos aquí para solamente un elemento de seguridad?”, reclamó Ceci Patricia Flores Armenta, fundadora del colectivo, visiblemente angustiada en un video difundido durante la jornada.
Una búsqueda que no cesa pese al peligro
Desde su creación, las Madres Buscadoras de Sonora se han convertido en un símbolo de resistencia y amor inquebrantable frente a la crisis de desapariciones en México. Sus integrantes, madres, padres y familiares de personas ausentes, recorren terrenos inhóspitos y zonas de alto riesgo, muchas veces sin respaldo institucional.
“El miedo nos está matando. No podemos salir sin seguridad. No puede ser posible que tengamos que hacer un trabajo que le corresponde al gobierno y no nos den las herramientas para seguirlo haciendo”, expresó Flores Armenta, quien ha encabezado búsquedas en condiciones precarias y bajo amenaza.
Pese a ello, el colectivo ha logrado localizar cientos de restos humanos y fosas clandestinas en diferentes regiones del estado. Sin embargo, su labor humanitaria se ha vuelto cada vez más peligrosa ante la presencia del crimen organizado y la ausencia de apoyo logístico y protección por parte de las autoridades.
Reconocimiento sin resultados suficientes
Flores Armenta reconoció la apertura del gobernador Alfonso Durazo hacia las víctimas y los colectivos, pero insistió en que la situación actual requiere medidas más contundentes.
“Sabemos que tenemos un gobernador sensible, empático, que ha apoyado mucho a las víctimas, pero necesitamos que en esta ocasión apoye muchísimo más”, afirmó.
Las buscadoras han pedido en repetidas ocasiones vehículos, combustible, acompañamiento policial y equipo de protección, pero muchas veces deben costear sus propias herramientas o desplazamientos. En zonas rurales, el acceso limitado y la falta de vigilancia hacen que los operativos se conviertan en un riesgo inminente.
“Queremos caminar en la búsqueda de nuestros desaparecidos, pero caminar sin miedo y con la seguridad de que vamos a estar seguras. Lo hacemos por amor a nuestros desaparecidos, pero necesitamos las herramientas para poder seguir con esta búsqueda”, insistió la activista.
Una deuda de justicia y humanidad
La exigencia de las Madres Buscadoras de Sonora no es aislada. En distintos estados del país, los colectivos de búsqueda enfrentan las mismas carencias y amenazas, mientras intentan llenar el vacío dejado por las instituciones encargadas de la localización e identificación de personas.
De acuerdo con cifras oficiales, México supera ya los 115 mil desaparecidos registrados, y Sonora se mantiene entre las entidades con mayor número de reportes. Ante esta crisis, la labor de las buscadoras se ha convertido en un componente esencial de la búsqueda humanitaria, aunque se realice sin presupuesto, sin escoltas suficientes y con recursos limitados.
La falta de garantías no solo pone en riesgo la vida de las integrantes, sino también la continuidad de un movimiento ciudadano que ha sido clave para visibilizar la magnitud del problema y para presionar a las autoridades a actuar.
Una voz que no se apaga
A pesar de la adversidad, las Madres Buscadoras de Sonora continúan recorriendo desiertos, montes y carreteras en busca de señales que las acerquen a sus seres queridos. Su fuerza ha inspirado a otros colectivos en todo el país y ha hecho eco a nivel internacional como ejemplo de coraje y resiliencia frente al dolor.
“Buscamos porque los amamos, no porque queramos estar aquí. Queremos que el Estado nos vea, nos escuche y nos proteja”, ha repetido en distintas ocasiones Flores Armenta.
El llamado de las buscadoras es claro: que su labor no sea solitaria ni peligrosa, que el gobierno garantice su seguridad y que el país reconozca la urgencia de una política efectiva para enfrentar la crisis de desapariciones.
Mientras tanto, las madres seguirán cavando, rastreando y esperando, con la esperanza de que la justicia y la empatía del Estado algún día acompañen sus pasos. Porque, como repiten en cada jornada: “Hasta encontrarlos” no es solo una consigna, sino una promesa de vida, amor y dignidad.


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