Un árbol centenario que movilizó a toda una comunidad
El árbol conocido como “Laureano”, un laurel de la India con más de cien años de antigüedad, fue declarado oficialmente Patrimonio Natural de la Ciudad de México, según el decreto publicado este lunes en la Gaceta Oficial. La medida, promovida tras una intensa resistencia vecinal, garantiza la protección legal y ambiental del ejemplar, ubicado en la esquina de Miguel Laurent y Fresas, en la colonia Tlacoquemécatl del Valle, alcaldía Benito Juárez.
El decreto establece que su preservación estará sujeta a un Plan de Manejo conjunto, en el que participarán la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema), la Secretaría de Cultura, ciudadanos promoventes, los poseedores del predio y demás instituciones involucradas.
De la amenaza de tala al reconocimiento oficial
La declaratoria se produce tras un proceso iniciado en junio, cuando vecinos denunciaron públicamente que una empresa privada planeaba talar el árbol, como parte de un proyecto de desarrollo urbano en el predio. Según testimonios, la desarrolladora Núcleo Urbano buscaba intervenir el terreno donde se encuentra Laureano, lo que también implicaba la posible remoción de otro árbol cercano.
La denuncia ciudadana activó una intensa movilización. Vecinos y colectivos ambientalistas comenzaron un proceso de defensa que incluyó solicitudes legales, denuncias públicas, vinculación con autoridades y el respaldo de legisladores. En respuesta, la Secretaría del Medio Ambiente aclaró que no existía ninguna autorización para la tala, lo cual reforzó la legitimidad de la exigencia ciudadana para la protección formal del ejemplar.
Ahora, con la publicación del decreto, queda prohibida cualquier alteración o intervención que comprometa su integridad. Además, el reconocimiento como Patrimonio Natural obliga a las instituciones responsables a implementar acciones permanentes de conservación, supervisión y mantenimiento.
Valor ambiental, histórico y cultural
Las autoridades capitalinas fundamentaron la declaratoria en las características físicas del árbol, su valor ambiental para el entorno urbano y su papel en la promoción de una cultura ecológica. En un entorno como la Ciudad de México, donde los espacios verdes son cada vez más limitados, la protección de ejemplares como Laureano adquiere un significado ambiental y simbólico de gran peso.
El caso también representa una victoria ciudadana ante la constante tensión entre los proyectos inmobiliarios y la conservación del patrimonio natural. En muchas zonas de la ciudad, el desarrollo urbano ha avanzado a costa de áreas verdes, lo que genera conflictos con comunidades que buscan preservar su entorno.
El reconocimiento legal de Laureano no solo refuerza la protección de este árbol en particular, sino que también sienta un precedente para futuras disputas similares, en las que el interés comunitario y ambiental entra en juego frente a desarrollos privados.
Un precedente en defensa del entorno urbano
Con esta declaratoria, el árbol pasa a formar parte del conjunto de bienes naturales protegidos bajo legislación local. La figura de Patrimonio Natural, además de otorgar reconocimiento simbólico, activa instrumentos legales y administrativos que permiten intervenciones públicas para garantizar su preservación.
Esto implica que cualquier actor involucrado, desde empresas hasta instituciones públicas, debe respetar el estatus legal del ejemplar y colaborar en su conservación. Asimismo, establece una obligación directa para Sedema y otras dependencias de mantener vigilancia y desarrollar acciones que garanticen la salud y estabilidad del árbol a largo plazo.
El caso de Laureano ilustra cómo la organización vecinal y la participación ciudadana pueden incidir directamente en la agenda ambiental urbana. Es un ejemplo concreto de cómo la defensa del espacio natural no es solo una cuestión ecológica, sino también de justicia territorial y derechos colectivos.
Una lección de corresponsabilidad ciudadana
El reconocimiento de Laureano como Patrimonio Natural representa más que una victoria ambiental: es también una lección de corresponsabilidad entre autoridades, ciudadanía y sectores privados. En una ciudad densamente urbanizada como la capital, la preservación del entorno natural requiere mecanismos legales firmes, pero también una comunidad activa y vigilante.
Este caso marca un hito en la defensa de los árboles urbanos, no solo por su resultado favorable, sino por la forma en que se logró: mediante denuncia, organización y persistencia vecinal.
A partir de ahora, Laureano será símbolo vivo de resistencia ecológica en la Ciudad de México, y su sombra recordará a generaciones futuras que el desarrollo no puede ir desligado del respeto a la naturaleza.


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