El incremento de la violencia homicida en México, iniciado hace casi dos décadas, sigue siendo uno de los mayores retos para cualquier administración. A pesar de las diferentes estrategias implementadas durante tres sexenios, los avances han sido insuficientes y las cifras de homicidios y control territorial por parte del crimen organizado han aumentado de manera alarmante.
Durante el pasado sexenio, la narrativa oficial centró el debate en las «causas de la violencia», vinculándolas a la pobreza y la desigualdad. Si bien estos factores son relevantes, utilizar los programas sociales como única respuesta resultó en una estrategia limitada y, en muchos casos, ineficaz. La omisión en el combate al crimen no solo dejó comunidades vulnerables, sino que también consolidó la presencia del crimen organizado en amplias regiones del país.
De los «abrazos» a una nueva política de seguridad
La administración de Andrés Manuel López Obrador adoptó la política de “abrazos, no balazos”, argumentando que evitar confrontaciones directas reduciría la violencia. Sin embargo, esta estrategia fue duramente criticada por expertos y comunidades afectadas, al considerarla una abdicación de la responsabilidad estatal de garantizar la seguridad.
El costo humano de esta política fue devastador: más de 200,000 vidas perdidas y territorios controlados por el crimen organizado. La narrativa oficial insistía en la supuesta reducción de homicidios, aunque las cifras abiertas y la experiencia diaria de los ciudadanos contaban otra historia.
Claudia Sheinbaum: ¿Un cambio de rumbo?
El inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum ofrece una oportunidad para replantear la estrategia de seguridad en México. Aunque su postura parece alejarse de la política de inacción de su predecesor, algunas decisiones, como la eliminación de fuentes abiertas en la página oficial de homicidios, generan dudas sobre la transparencia y la verdadera intención de cambiar el enfoque.
Para lograr resultados tangibles, será necesario:
- Fortalecer la inteligencia y las capacidades del Estado: Recuperar el control territorial perdido.
- Combatir la impunidad: Garantizar que los crímenes sean investigados y castigados.
- Proteger a las comunidades: Priorizando la seguridad de los ciudadanos más vulnerables.
- Apostar por la profesionalización de las fuerzas de seguridad: Con capacitación y equipamiento adecuados.
La narrativa del crimen: Un desafío añadido
Además de los retos logísticos y estratégicos, el gobierno debe enfrentar una narrativa promovida por los grupos criminales, que utilizan la propaganda para generar miedo y deslegitimar los esfuerzos del Estado. Desde corridos que glorifican a los delincuentes hasta campañas de desprestigio contra funcionarios eficaces, el combate al crimen organizado no solo se libra en las calles, sino también en el ámbito de la percepción pública.
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