En la memoria del periodismo mexicano, pocos nombres resuenan con la intensidad de José Alvarado. A 50 años de su fallecimiento, su legado sigue vigente como un ejemplo de integridad y compromiso con la verdad. Este periodista y escritor, nacido en Lampazos, Nuevo León, enfrentó con valentía a los poderes conservadores y dejó una obra que marcó la historia cultural y política de México.
El hombre detrás de la pluma: inicios y trayectoria
José Alvarado nació el 21 de septiembre de 1911 en Lampazos, Nuevo León. Desde joven mostró un interés especial por las letras y el periodismo. Su carrera comenzó en 1926, cuando se unió a la Revista Estudiantil de Monterrey, y desde entonces no dejó de escribir.
A lo largo de su vida, participó en iniciativas literarias como la fundación de las revistas Barandal, Taller, Romance, Letras de México y Tierra Nueva, convirtiéndose en una figura central de la vida cultural de su tiempo.
Una voz crítica en tiempos difíciles
Alvarado no solo destacó por su estilo literario, sino también por su postura crítica frente a los poderes establecidos. Su columna “México de Día y de Noche”, publicada en El Nacional, y sus textos en revistas como Siempre! y Excélsior evidenciaron su valentía para cuestionar la hipocresía y los privilegios de los sectores conservadores.
En mayo de 1968, escribió en la revista Siempre!:
“Ya ni siquiera hay reaccionarios de alto coturno […] Todos los existentes y francos son de medio pelo, tartamudos y destartalados; otros se han unido al coro de las alabanzas al régimen y no pocos, favorecidos por la política oficial, se esconden en muelles, gerencias o florecidas direcciones de relaciones públicas”.
Esta declaración ilustra su capacidad para denunciar sin temor, ganándose tanto admiradores como detractores.
Un rector breve pero significativo
En 1962, José Alvarado asumió la rectoría de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), un cargo que ejerció durante poco tiempo debido a las presiones de grupos conservadores que no toleraban su visión progresista.
El periodista Abraham Nuncio describió este episodio en La Jornada:
“Debió abandonar su alma máter y su investidura perseguida por la histeria y el ludibrio de una derecha que no podía tolerar la crítica de su hipocresía ni la exaltación de actos y figuras diferentes a los consagrados por ellos”.
La lucha hasta el final
A pesar de enfrentar problemas de salud, incluido un cáncer de garganta, Alvarado mantuvo su integridad hasta el final. Según relatos, el periodista Julio Scherer García, entonces director de Excélsior, ofreció cubrir sus gastos médicos en Estados Unidos, pero Alvarado rechazó la propuesta.
“¿Por parte de Excélsior?” preguntó Alvarado.
“No”, respondió Scherer.
“Entonces no, déjelo así”, concluyó con firmeza.
Esta respuesta refleja la ética y el orgullo de un hombre que nunca permitió que su independencia fuera comprometida.
Lección en el Tenampa: un vistazo a su estilo único
Entre sus textos más recordados está “Lección en el Tenampa”, incluido en Visiones Mexicanas, donde Alvarado muestra su capacidad para capturar las contradicciones y matices de la vida cotidiana en México.
“Hay un Tenampa de día y otro de noche […] ambos ofrecen aspectos completamente diferentes, pues el pintoresco barrio alberga tanto historias de nostalgia como de desenfreno”.
Con este tipo de narraciones, José Alvarado demostró que incluso las anécdotas más sencillas podían convertirse en piezas literarias de alto impacto.
El legado de un hombre íntegro
José Alvarado falleció el 23 de septiembre de 1974, tras un accidente doméstico. Sin embargo, su legado perdura como un recordatorio de la importancia de la libertad de expresión y el compromiso con las causas justas.
En palabras de Hugo Latorre Cabal:
“José Alvarado estuvo siempre con las buenas causas. Fue, ante todo, un hombre de hondas convicciones razonadas”.
Hoy, su nombre vive no solo en las calles de Nuevo León, sino en la memoria colectiva de un país que necesita más voces como la suya.
Un modelo de integridad periodística
A medio siglo de su partida, José Alvarado sigue siendo una figura clave para entender el periodismo crítico y comprometido en México. Su valentía, su estilo único y su amor por las letras son un ejemplo para las nuevas generaciones de periodistas y escritores.
En un mundo donde las presiones externas amenazan la independencia periodística, el legado de Alvarado nos recuerda que la integridad y el compromiso con la verdad son los pilares fundamentales del oficio.
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