Trump presiona a Cuba desde Washington con una advertencia directa que sacude el tablero político del Caribe. El presidente de Estados Unidos anunció que no se enviará más petróleo ni dinero venezolano a la isla y sugirió que el gobierno cubano debería negociar con la Casa Blanca “antes de que sea demasiado tarde”, elevando el nivel de confrontación diplomática y económica.
La declaración, publicada en su red Truth Social, marca un nuevo capítulo en la relación entre Estados Unidos y Cuba, una de las más tensas y prolongadas del hemisferio occidental. “NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO O DINERO YENDO A CUBA – ¡CERO!”, escribió Trump, reforzando su mensaje con mayúsculas y un tono de ultimátum que recuerda sus anteriores estrategias de presión internacional.
El trasfondo energético que explica la presión de Trump
Para entender por qué Trump presiona a Cuba, es clave observar el factor energético. Durante años, Venezuela ha sido el principal proveedor de petróleo para la isla, permitiendo sostener su red eléctrica, el transporte y sectores estratégicos de la economía. Sin embargo, tras la captura del depuesto presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses a inicios de enero, ningún cargamento ha salido de puertos venezolanos rumbo a Cuba.
Este corte ocurre en medio de un bloqueo petrolero reforzado contra Venezuela, país miembro de la OPEP, y deja a Cuba en una situación de extrema vulnerabilidad. Datos de transporte marítimo indican que en 2024 Venezuela exportó en promedio 26 mil 500 barriles diarios a la isla, cubriendo cerca del 50 por ciento de su déficit energético.
Cuba responde y defiende su derecho a importar combustible
Desde La Habana, la respuesta no se hizo esperar. El canciller cubano Bruno Rodríguez afirmó que Cuba tiene derecho soberano a importar combustible de cualquier proveedor dispuesto a venderlo y negó que el país haya recibido compensaciones financieras o materiales a cambio de servicios de seguridad prestados a otras naciones.
Rodríguez acusó a Estados Unidos de actuar como un “hegemón criminal y descontrolado”, señalando que la coerción económica forma parte de una estrategia histórica para desestabilizar al gobierno cubano. La tensión verbal refleja un deterioro acelerado del diálogo bilateral y reduce el margen para una salida negociada a corto plazo.
Trump presiona a Cuba y eleva el componente político
A la presión energética se suma un componente político explosivo. Trump reposteó un mensaje en Truth Social que sugería que el actual secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, podría convertirse en presidente de Cuba. El comentario, acompañado de un “¡Suena bien para mí!”, fue interpretado como una provocación directa al régimen de La Habana.
Este gesto, aunque informal, refuerza la narrativa de cambio de régimen que históricamente ha acompañado la política estadounidense hacia Cuba y añade un elemento simbólico que intensifica la confrontación diplomática.

El papel de México y el escenario regional
Mientras Trump presiona a Cuba, México emerge como un proveedor alternativo de petróleo, aunque en volúmenes limitados. La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que su país no ha incrementado los envíos, pero reconoció que, ante la crisis venezolana, México se ha convertido en un actor relevante para el suministro energético cubano.
Aun así, los datos de envío muestran que el aporte mexicano no es suficiente para compensar la pérdida del crudo venezolano. Esto coloca a Cuba frente a un escenario complejo, con apagones frecuentes, problemas en la refinación y una economía ya debilitada por sanciones, caída del turismo y dificultades estructurales.
Evaluaciones de inteligencia y riesgo de inestabilidad
Aunque Trump afirma que Cuba está “lista para caer”, informes de inteligencia estadounidense citados por Reuters matizan esa visión. La CIA reconoce una situación económica y social grave, con sectores clave como la agricultura y el turismo severamente afectados, pero no confirma un colapso inminente del gobierno de Miguel Díaz-Canel.
Sin embargo, la posible pérdida total del petróleo venezolano y el endurecimiento del bloqueo podrían dificultar seriamente la gobernabilidad, incrementando el malestar social y la presión interna sobre el régimen.
Un mensaje que redefine el equilibrio regional
El hecho de que Trump presiona a Cuba no es solo una noticia bilateral, sino una señal para toda América Latina. Washington deja claro que utilizará la energía como herramienta geopolítica y que no dudará en combinar sanciones económicas, presión diplomática y gestos simbólicos para imponer su agenda.
El desenlace de esta estrategia aún es incierto. Cuba busca proveedores alternativos y apela al derecho internacional, mientras Estados Unidos apuesta por el desgaste económico como vía de presión política. En medio, la población cubana enfrenta apagones, escasez y un futuro cada vez más condicionado por decisiones tomadas fuera de la isla.
Al final, Trump presiona a Cuba no solo para forzar una negociación, sino para redefinir su rol en el tablero regional, en un movimiento que podría tener consecuencias duraderas para el Caribe y para la política exterior estadounidense.


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