La Presidenta Claudia Sheinbaum incluyó la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales como una de las 100 promesas de su administración.
Desde su declaración el 1 de mayo, la Mandataria ha señalado que la implementación será gradual y por consenso, buscando mejorar las condiciones de las y los trabajadores sin afectar la productividad.
Anteriormente, el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador también impulsaba una disminución progresiva, pasando de 48 a 40 horas.
La propuesta actual mantiene esa visión de gradualidad y consenso, y se ha analizado en diversos foros nacionales con el objetivo de garantizar un acuerdo equilibrado entre empleadores y empleados.
México lidera horas trabajadas y rezaga productividad
Una de las razones detrás de la reforma es la baja productividad por hora trabajada. México registra 2,226 horas laborales al año, el promedio más alto entre los países de la OCDE, pero cada hora aporta apenas 95 dólares al PIB, colocándose en el último lugar en eficiencia.
En comparación, Irlanda alcanza 140 dólares por hora con 1,657 horas trabajadas, Letonia 129 dólares con 1,553 horas y Rumanía 128 dólares con 1,808 horas.
Los datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) muestran que, pese a trabajar más tiempo, los empleados mexicanos producen menos por cada hora laborada, lo que evidencia la necesidad de optimizar el tiempo laboral. La reforma busca equilibrar la jornada con un mayor bienestar, reduciendo el exceso de horas sin comprometer la productividad.
Reducir la jornada laboral a 40 horas también podría mejorar la calidad de vida, permitir mayor tiempo de descanso y favorecer la salud mental de los trabajadores. La propuesta continúa bajo análisis y discusión para determinar cómo aplicarla de manera efectiva y consensuada en todo el país.
