jueves, enero 1, 2026

Invertir en la niñez y adolescencia: Una transformación pendiente y necesaria

Por qué invertir en la infancia debe ser prioridad nacional

El término «transformación» se repite como un mantra en la política mexicana, pero sin acciones concretas y medibles, queda vacío. Si realmente se busca construir un “segundo piso” para el país, los cimientos deben ser sólidos: invertir en la infancia y adolescencia. Este grupo representa no solo el futuro, sino también la oportunidad de romper con las inercias de pobreza y desigualdad que han marcado a México históricamente.

En promedio, la pobreza infantil supera en ocho puntos porcentuales a la de la población general. Esto no solo refleja la injusticia social, sino también un grave riesgo para el desarrollo económico y social del país.

El Anexo 18: ¿Un avance significativo o una oportunidad desperdiciada?

Desde 2012, el presupuesto destinado a la niñez y adolescencia se organiza a través del Anexo 18 del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF). Este instrumento busca priorizar recursos para garantizar derechos como la educación, salud y protección social de los más jóvenes.

Sin embargo, un análisis realizado por UNICEF, en colaboración con la pasada legislatura de la Comisión de Derechos de la Niñez y la Adolescencia, expuso importantes áreas de mejora. A pesar de los esfuerzos, los presupuestos inerciales y la falta de mecanismos claros de rendición de cuentas limitan su efectividad.

Cinco pasos para transformar el presupuesto en acciones reales

Las recomendaciones de UNICEF son un llamado claro para que el gobierno en turno defina su legado y priorice a las niñas, niños y adolescentes:

  1. Priorizar la inversión ante cualquier crisis: La infancia y adolescencia deben ser un área protegida en tiempos de crisis económicas o desastres naturales, pues representan la inversión más segura y rentable.
  2. Invertir en la primera infancia: Fortalecer programas para menores de 0 a 5 años, enfocándose en salud, educación y un sistema nacional de cuidados accesible para quienes carecen de seguridad social.
  3. Transparencia y rendición de cuentas: Mejorar el acceso a información pública sobre los recursos destinados y su impacto real en la vida de los beneficiarios.
  4. Metodologías claras: Establecer herramientas sólidas para etiquetar y asignar recursos, con registros precisos que permitan medir avances y logros.
  5. Planificación basada en resultados: Abandonar presupuestos inerciales y apostar por una ejecución más eficaz que maximice el impacto social de cada peso invertido.

Invertir en infancia: Construyendo el México que todos soñamos

Las niñas, niños y adolescentes no votan, pero definir su presente garantiza un futuro más justo, equitativo y próspero para el país. Cada peso destinado a su bienestar fortalece la base para adultos más preparados, sociedades menos desiguales y economías más robustas.

No hay transformación posible sin colocar a la infancia y adolescencia en el centro de las decisiones presupuestales y políticas. Es momento de pasar de las palabras a los hechos, de las promesas a las acciones, y de la indiferencia a la responsabilidad.

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