La nostalgia de fin de año y el niño que llevamos dentro
Cada diciembre, la nostalgia nos envuelve. Nos transporta a los aromas de las galletas horneadas en casa, las risas de los abuelos y las luces titilantes que adornaban nuestra infancia. Este mes nos conecta con lo que fue, con quienes fuimos, y nos recuerda al niño que aún vive dentro de nosotros.
Pero, ¿y si en lugar de simplemente añorar, tomáramos estas memorias de Navidad como inspiración para traer algo de esa felicidad infantil a nuestra vida adulta?
Lecciones de la infancia para transformar nuestro presente
1. Cultiva la curiosidad sin límites
Los niños no ven problemas, ven misterios por resolver. Recuperar esa curiosidad abre puertas a soluciones creativas y nuevas perspectivas. ¿Por qué no enfrentarnos al mundo con preguntas en lugar de certezas?
2. Disfruta las pequeñas cosas
Un café caliente, el aire fresco de la mañana o jugar con tu mascota pueden convertirse en pequeños rituales de felicidad. Aprende de los niños a encontrar alegría en lo cotidiano.
3. Vive el momento con total atención
Cuando los niños juegan, nada más existe. Su inmersión es total. Encontrar ese estado de “flow” en nuestras actividades diarias puede hacerlas más gratificantes y significativas.
4. Suelta la seriedad y ríete más
Tomarte menos en serio no significa menos compromiso, sino más humanidad. Permítete jugar, equivocarte y reírte de los errores. La espontaneidad es liberadora.
5. Redescubre el asombro
¿Recuerdas cuando todo parecía mágico y lleno de posibilidades? Volver a sorprendernos por lo extraordinario en lo ordinario nos reconecta con nuestra capacidad de soñar.
6. Haz más travesuras
Rompe las reglas autoimpuestas y sé espontáneo. Una travesura inocente, como un chiste en un momento solemne o una aventura inesperada, puede sacudir la rutina y recordarnos lo emocionante que es estar vivos.
- El regalo de la infancia: creer en la magia
Estas fiestas, cuando el olor del ponche y el eco de las risas llenen tu hogar, date permiso para volver a creer. Quizá la magia no es algo que se pierde con el tiempo, sino algo que decidimos recuperar.
Volver a asombrarte, jugar y soñar puede ser el mejor regalo que te hagas este fin de año. Porque en cada travesura, carcajada y pequeño gesto de asombro, el niño que fuiste se despierta y, con suerte, se queda un poco más.
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