La tragedia que sorprendió a Veracruz
El rugido del río Cazones fue el primer aviso, pero llegó demasiado tarde. En cuestión de horas, las lluvias torrenciales transformaron calles tranquilas en ríos desbordados y arrasaron con todo a su paso. En Poza Rica, Veracruz, los residentes apenas tuvieron tiempo de escapar. “La alerta llegó cuando la ola ya estaba encima”, recordó Adán González Ortega, de 78 años, aún con la mirada perdida entre el lodo y los recuerdos mojados.
El agua subió tan rápido que ni los más viejos del lugar recordaban algo igual. Las corrientes se llevaron vehículos, muebles, animales y sueños. En apenas cuatro días, cayeron cerca de 50 centímetros de lluvia en varias regiones, dejando una marca imborrable en la historia reciente de México.
Un desastre que golpea a cinco estados
La catástrofe no se limitó a Veracruz. Los estados de Hidalgo, San Luis Potosí, Querétaro y Puebla también sufrieron los estragos de las lluvias. Las montañas colapsaron, las carreteras se partieron y decenas de comunidades quedaron incomunicadas. Según los primeros reportes, al menos 70 personas murieron y más de 70 siguen desaparecidas, mientras cientos de familias lo perdieron todo.
Las imágenes que circularon en redes sociales mostraban escenas de desesperación: casas sumergidas, personas rescatadas en lanchas improvisadas y animales aferrados a los techos. Fue una tragedia de dimensiones inesperadas, pero también una muestra de la solidaridad que caracteriza al pueblo mexicano.
Claudia Sheinbaum frente a su primera gran prueba
La presidenta Claudia Sheinbaum viajó personalmente a las zonas afectadas. Caminó entre el barro, habló con los damnificados y prometió ayuda inmediata. “No había ninguna condición científica-meteorológica que pudiera indicarnos que la lluvia iba a ser de esta magnitud”, declaró. Su presencia contrastó con la respuesta distante de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, durante el huracán Otis.
Sin embargo, el gesto también la puso bajo el foco. En medio del dolor, algunos ciudadanos la increparon por lo que consideraron una falta de preparación. “Nadie nos avisó de que esto podía pasar”, le reclamaron frente a las cámaras. En redes sociales, el video se volvió viral y reavivó el debate sobre la capacidad del nuevo gobierno para gestionar desastres naturales.
Las críticas y el desgaste político
Aunque Sheinbaum ha mantenido una imagen pública sólida basada en la austeridad y los programas sociales, la tragedia en Veracruz ha abierto un frente de críticas. Algunos ciudadanos apuntan directamente a la eliminación del Fondo Nacional de Desastres Naturales (FONDEN), suprimido durante la administración anterior. “No tenemos recursos para actuar rápido”, reconoció un funcionario local.
Aun así, otros han destacado su presencia en las zonas afectadas. “Sheinbaum está dando la cara, a diferencia de otros líderes”, comentó René Delgado, analista político. Pero en política, cada acción tiene un costo, y en medio del lodo, la presidenta enfrenta su prueba más dura: demostrar que puede liderar no solo con empatía, sino con eficacia.
El dolor de las comunidades
En Poza Rica, el olor a humedad y el silencio pesan más que el barro. “El lodo huele y pesa”, dice Lorenzo Bruno, mecánico de 60 años que intenta rescatar algo de su taller. A su alrededor, las calles están cubiertas de restos: colchones podridos, refrigeradores oxidados y recuerdos flotando.
Las autoridades advierten que el peligro aún no termina. Los médicos de la Marina alertan sobre infecciones causadas por bacterias en el agua estancada. Los equipos de rescate siguen buscando desaparecidos, mientras los helicópteros lanzan despensas y agua potable sobre comunidades aisladas.
La respuesta del gobierno y la esperanza
El gobierno federal ha desplegado a la Marina, el Ejército y Protección Civil para las tareas de rescate. Claudia Sheinbaum prometió que “no se escatimará en gastos” y que la reconstrucción será una prioridad. Sin embargo, los habitantes exigen más que promesas: quieren medidas preventivas reales, muros de contención más altos y sistemas de alerta que funcionen.
Eduardo Cerecedo, de 32 años, lo resume con una frase que encierra el sentir colectivo: “Tenemos que empezar de cero, porque aquí no tenemos nada”. Aun entre la pérdida, el espíritu de resiliencia sigue vivo. Veracruz, una vez más, se levanta del agua con la esperanza de que esta tragedia marque un cambio en la forma de enfrentar los desastres naturales.


TE PODRÍA INTERESAR