El pasado 8 de diciembre de 2024, un vuelo de Volaris que cubría la ruta León-Tijuana aterrizó de emergencia en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara. El motivo: un pasajero intentó ingresar a la cabina de pilotos y desviar la aeronave hacia Estados Unidos tras alegar amenazas de muerte contra un familiar.
Aunque las autoridades lo calificaron como una “alteración del orden”, las inconsistencias en la narrativa oficial han generado un debate sobre los protocolos de seguridad aérea y el manejo de posibles actos terroristas en México.
Lo que sabemos hasta ahora
La amenaza inicial
El hombre detenido, identificado como Mario “N”, viajaba con su esposa e hijos. Según informes, al despegar de León recibió un mensaje amenazante en el que se le advertía que no llegara a Tijuana. En su intento por desviar el vuelo, agredió a una sobrecargo e intentó ingresar a la cabina de pilotos, activando protocolos de seguridad.
La detención en Guadalajara
La tripulación y algunos pasajeros lograron someter al agresor antes del aterrizaje de emergencia. Al llegar a Guadalajara, elementos de la Guardia Nacional (GN) detuvieron al hombre y lo pusieron a disposición del Ministerio Público Federal. Sin embargo, videos en redes sociales muestran que los pasajeros jugaron un papel crucial en la contención, mientras que los elementos de seguridad actuaron con notables deficiencias.
¿Fallas en los protocolos de seguridad?
Una detención cuestionable
En videos difundidos en redes, se observa que el detenido no llevaba esposas al descender del avión. Más tarde, durante su traslado en una patrulla de la GN, intentó desarmar al conductor, provocando un choque y resultando herido.
Estos hechos evidencian:
- Falta de capacitación policial.
- Ausencia de protocolos robustos para manejar emergencias de esta naturaleza.
Comparaciones con incidentes previos
Este incidente recuerda al secuestro del vuelo de Aeroméxico en 2009, donde un pastor boliviano tomó control de un avión con un artefacto falso. Aunque las autoridades minimizaron ambos casos, la amenaza inicial en ambos existió, y las fallas en la respuesta dejan mucho que desear.
¿Por qué no catalogarlo como intento de secuestro?
El gobierno federal evitó calificar el incidente como un acto terrorista o secuestro de aeronave. Esta decisión podría estar motivada por:
- Evitar tensiones internacionales: Un acto terrorista podría justificar que Estados Unidos catalogue a ciertos cárteles mexicanos como narcoterroristas.
- Minimizar el impacto mediático: En un contexto de alta violencia en México, etiquetar el incidente como terrorismo podría aumentar la percepción de inseguridad.
Sin embargo, expertos coinciden en que los elementos para considerar un secuestro extorsivo están presentes, ya que el agresor intentó forzar a la tripulación a cambiar su ruta bajo amenazas.
Reflexión: lecciones para el futuro
El incidente en el vuelo León-Tijuana evidencia la necesidad urgente de:
- Fortalecer los protocolos de seguridad aérea: Las aerolíneas y las autoridades deben garantizar que sus procedimientos sean efectivos en situaciones de emergencia.
- Capacitar mejor a las fuerzas de seguridad: La respuesta de la Guardia Nacional fue insuficiente y pone en duda su preparación para manejar casos complejos.
- Transparencia en la narrativa oficial: Minimizar o encubrir incidentes solo genera desconfianza en la ciudadanía y en la comunidad internacional.
Queda pendiente esclarecer las motivaciones reales de Mario “N” y evaluar si este caso podría sentar un precedente para futuros incidentes en la aviación mexicana.
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