El amanecer de Acapulco fue interrumpido por una imagen poderosa.
Una enorme lona de 24 metros colgaba del edificio La Fortaleza, abandonado desde el paso del huracán Otis. En ella, Greenpeace plasmó un gigantesco “ticket de la crisis climática”: una factura simbólica por 177 mil millones de pesos que, según la organización, México ha pagado en la última década a causa de fenómenos naturales derivados del cambio climático.
De ese monto, Guerrero carga con casi la mitad: 90 mil millones de pesos entre 2014 y 2022. “El costo lo están pagando las personas, no las empresas contaminantes”, denunció la activista Viridiana Lázaro ante decenas de curiosos que se detuvieron a mirar el mensaje.
Una factura que crece con cada huracán
La lona fue desplegada justo antes del inicio de la COP 30, la cumbre climática global en la que México deberá presentar su nueva Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC).
Para Greenpeace, se trata de un recordatorio urgente: los fenómenos meteorológicos extremos no son eventos aislados, sino consecuencias directas de la inacción política.
En palabras de los activistas, cada huracán, cada inundación y cada sequía forman parte de una deuda ambiental que aumenta año con año. Solo el huracán Otis, que devastó Acapulco en 2023, dejó pérdidas por más de 16 mil millones de pesos, además de cientos de familias desplazadas y comunidades aún sin reconstruir.
Exigen fin al impulso de combustibles fósiles
Greenpeace criticó duramente que el gobierno siga destinando recursos públicos a megaproyectos fósiles, en lugar de fortalecer políticas de adaptación y mitigación.
“Es una contradicción financiar obras que alimentan el cambio climático mientras miles siguen sin casa”, lamentó Lázaro.
La organización recordó que México tiene el compromiso internacional de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, pero los avances son limitados. Según su informe, los presupuestos para transición energética y restauración de ecosistemas siguen siendo marginales frente al gasto en infraestructura fósil.
Acapulco, símbolo del costo climático
El lugar elegido para la protesta no fue casualidad. La Fortaleza, una torre abandonada que quedó inhabitable tras el paso de Otis, simboliza la vulnerabilidad de las ciudades costeras mexicanas ante la crisis climática.
Guerrero, uno de los estados más golpeados por huracanes y lluvias torrenciales, concentra buena parte de los daños económicos y sociales de la última década.
Mientras algunos hoteles y avenidas turísticas fueron reconstruidos, muchas comunidades rurales y colonias periféricas permanecen olvidadas, sin apoyo ni infraestructura básica.
De la denuncia a la acción
Greenpeace llamó al gobierno mexicano a llegar a la COP 30 con una postura ambiciosa y compromisos reales:
- Reducción acelerada de emisiones en el sector energético y transporte.
- Presupuestos climáticos justos, centrados en la adaptación comunitaria.
- Mecanismos de justicia ambiental, que obliguen a las industrias fósiles a asumir su responsabilidad económica.
“Cada tormenta deja una marca. Pero también una oportunidad para cambiar el rumbo”, sostienen los activistas, que aseguran que la factura climática no debe seguir pagándola la gente.


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