Guerra sucia en Hidalgo. Con esa expresión, Miguel Ángel Tello Vargas, titular de la Unidad de Planeación y Prospectiva, encendió las alertas durante la primera conferencia matutina del gobierno estatal. Desde Pachuca, el funcionario denunció la existencia de una estrategia orientada a desacreditar a la actual administración mediante la difusión de documentos falsos y la suplantación de identidad.
El señalamiento no pasó desapercibido. En un contexto donde la comunicación política busca transparencia y cercanía con la ciudadanía, la acusación de una campaña de desinformación adquiere un peso especial, no solo por el contenido, sino por el momento en el que ocurre.
El origen de la acusación: un amparo que nunca existió
La polémica se detonó tras la circulación de un supuesto amparo promovido por Miguel Tello para evitar una presunta detención por delitos fiscales. El documento, difundido en distintos espacios, fue categóricamente rechazado por el funcionario, quien afirmó que nunca solicitó dicho recurso legal.
Según explicó, la firma que aparece en el escrito presentado ante el Juzgado Cuarto de Distrito no corresponde a la suya, lo que configura, en su opinión, un caso claro de falsificación de documentos y usurpación de identidad. El señalamiento no se limitó a una aclaración pública: Tello Vargas aseguró haber actuado de inmediato en el ámbito legal.
Acciones legales y deslinde institucional
Al tener conocimiento del documento apócrifo, el titular de Planeación y Prospectiva promovió un escrito formal ante el juzgado para revocar cualquier poder que se hubiera otorgado de manera fraudulenta, dejando constancia de que el amparo no fue promovido por él.
Además, presentó una denuncia ante la Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo por diversos delitos, entre ellos falsificación de documentos, uso de documentos falsos, usurpación de identidad y fraude procesal. Estas acciones buscan no solo limpiar su nombre, sino sentar un precedente frente a prácticas que atentan contra la legalidad.
Un elemento adicional refuerza la versión del funcionario: el abogado cuyo nombre aparece en el supuesto amparo también negó haber participado en su elaboración y reconoció que su identidad profesional fue utilizada sin autorización. De acuerdo con lo informado, el propio litigante anunció que interpondrá una denuncia penal por estos hechos.
Guerra sucia en Hidalgo y el contexto político actual
Para Miguel Tello, este episodio no debe leerse como un ataque personal, sino como parte de una guerra sucia en Hidalgo dirigida a debilitar al gobierno encabezado por Julio Menchaca Salazar. El señalamiento apunta a una estrategia más amplia, enfocada en sembrar dudas sobre la credibilidad de la administración estatal.
El contexto es clave. Hidalgo atraviesa un periodo de inversiones públicas históricas y una mayor presencia del gobierno federal, factores que han elevado el perfil político del estado a nivel nacional. En escenarios así, los intentos de desinformación suelen intensificarse como mecanismo de presión o desgaste.
La mañanera estatal como nuevo escenario político
La denuncia se realizó en la primera conferencia matutina del gobierno de Hidalgo, un formato que busca consolidarse como espacio de rendición de cuentas y comunicación directa. Que el tema haya surgido ahí no es menor: marca el tono de una administración que pretende enfrentar los señalamientos con exposición pública y respaldo institucional.
Este tipo de foros también funcionan como termómetro político. La advertencia sobre una campaña de desprestigio coloca sobre la mesa el debate acerca de los límites de la confrontación política y el uso de herramientas ilegales para dañar reputaciones.
Impacto en la confianza ciudadana
Más allá de los actores involucrados, la guerra sucia en Hidalgo tiene un efecto directo en la percepción pública. La circulación de documentos falsos no solo afecta a funcionarios específicos, sino que erosiona la confianza en las instituciones y en los procesos legales.
Por ello, la respuesta institucional y legal adquiere relevancia estratégica. La claridad en los deslindes, la actuación judicial y la comunicación transparente serán determinantes para evitar que la desinformación se normalice como instrumento político.
Un llamado a la legalidad y a la responsabilidad pública
El caso expuesto por Miguel Tello Vargas abre una discusión más amplia sobre la responsabilidad en el debate político y el uso de la ley como arma de confrontación. En un escenario donde la información circula con rapidez, la verificación y el respeto a la legalidad se vuelven indispensables.
Al cierre, el mensaje es claro: la guerra sucia en Hidalgo no solo es una advertencia, sino un llamado a frenar prácticas que ponen en riesgo la estabilidad institucional y la confianza ciudadana en el gobierno estatal.


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