Hartos de recibir agua contaminada, vecinos de la Benito Juárez bloquean Insurgentes Sur. La protesta expone la doble crisis de la CDMX: escasez y contaminación. Descubre por qué te importa.
La paciencia se agotó. Cientos de residentes de la alcaldía Benito Juárez han paralizado una de las principales arterias de la Ciudad de México, Insurgentes Sur, en una protesta desesperada. Denuncian llevar un año recibiendo agua contaminada, un problema que se suma a la severa crisis de escasez que azota a la capital.
El caos vial en Insurgentes Sur es solo el síntoma visible de una enfermedad mucho más profunda que aqueja a la Ciudad de México: una crisis hídrica que ha mutado en un monstruo de dos cabezas. Por un lado, la escasez histórica que ha llevado a un racionamiento severo del suministro. Por otro, la calidad del poca agua que llega a los hogares, que según los manifestantes, está contaminada y representa un riesgo para la salud.
La protesta de los vecinos de la alcaldía Benito Juárez no es solo por una molestia; es un grito de auxilio y una acusación directa a las autoridades por lo que consideran una negligencia criminal. El bloqueo es la manifestación física de una ruptura en el contrato social más básico: el derecho fundamental de los ciudadanos a tener acceso a agua limpia y segura.
Las exigencias: Transparencia y soluciones
Con pancartas que rezan «Un año con diésel en el agua» y «No fue diésel», los manifestantes han dejado claras sus demandas. No buscan promesas, sino acciones concretas y verificables.
Sus principales exigencias son:
* Un plan de remediación inmediato para el pozo Alfonso XIII, ubicado en Álvaro Obregón, señalado como el posible origen de la contaminación.
* Transparencia total sobre la fuente del agua que están recibiendo en sus hogares.
* Controles de calidad oportunos y veraces que sean públicos y demuestren que el agua es apta para el consumo humano.
«Es necesario que las autoridades nos informen de dónde proviene el agua y que muestren controles de calidad oportunos y veraces.» – Cristina Montemayor, residente de la colonia Del Valle.
La doble crisis: Sin agua y con agua contaminada
Este estallido social no puede entenderse de forma aislada. Ocurre en el contexto de la peor crisis de agua que la capital ha enfrentado en décadas. Mientras los vecinos de Benito Juárez protestan por la calidad del agua, cientos de miles de habitantes en otras 10 alcaldías sufren por la cantidad, con un sistema de tandeo que limita el suministro a solo unas horas, ciertos días a la semana.
El Sistema Cutzamala, una de las principales fuentes de agua para el Valle de México, se encuentra en niveles históricamente bajos, y los pronósticos no son alentadores. La combinación de escasez y contaminación crea un escenario de pesadilla para los capitalinos: la ansiedad de no tener agua se mezcla con el miedo de que la poca agua que llega pueda enfermarlos. Es esta convergencia de crisis lo que ha llevado la frustración a un punto de ebullición.
La respuesta de las autoridades y la desconfianza ciudadana
Hasta ahora, la respuesta de las autoridades no ha logrado calmar los ánimos. La falta de soluciones definitivas y de una comunicación clara ha erosionado la confianza de la población. Los vecinos se sienten ignorados y obligados a tomar medidas drásticas como el bloqueo de avenidas para ser escuchados.
El problema del agua en la Ciudad de México ha dejado de ser un asunto técnico o ambiental para convertirse en una crisis de gobernabilidad. La protesta en Insurgentes es una advertencia: si no se atiende de raíz y con transparencia el problema más esencial para la vida, la ciudad podría enfrentarse a un conflicto social de consecuencias impredecibles.


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