Es seguro para mujeres en lactancia vacunarse contra el sarampión?

El brote de sarampión que enfrenta México ha reactivado las campañas de vacunación en todo el país y, al mismo tiempo, ha generado dudas entre distintos sectores de la población. Una de las preguntas más frecuentes surge entre mujeres que están amamantando: ¿es seguro vacunarse contra el sarampión durante la lactancia?

La evidencia científica y las recomendaciones de las autoridades sanitarias coinciden en que sí es seguro.

El sarampión es una enfermedad viral altamente contagiosa que puede provocar complicaciones graves, sobre todo en niñas y niños menores de cinco años, personas con defensas bajas y embarazadas. Se transmite por el aire a través de pequeñas gotas que se expulsan al hablar, toser o estornudar, y el virus puede permanecer activo en el ambiente durante varias horas. En un escenario de aumento de casos, retrasar la vacunación por miedo o desinformación incrementa el riesgo de contagio.

La vacuna y la lactancia 

En México, la protección contra el sarampión se aplica mediante la vacuna triple viral SRP, que también protege contra rubéola y parotiditis. Esta vacuna está elaborada con virus debilitados que estimulan el sistema inmunológico sin causar la enfermedad en personas sanas.

Durante la lactancia, su aplicación no representa ningún riesgo para el bebé. Los componentes de la vacuna no se transmiten a través de la leche materna ni afectan al lactante, tampoco interfieren con la producción o la calidad de la leche.

“La vacuna SRP es completamente segura durante la lactancia. No hay evidencia de que los virus atenuados pasen a la leche materna ni de que causen daño al bebé. Suspender o retrasar la vacunación por este motivo no tiene sustento médico”,  dijo el infectólogo Luis Herrera. También subrayóque la respuesta inmunológica ocurre únicamente en el organismo de la madre y no altera el proceso natural de la lactancia.

Protección individual y colectiva

Vacunarse durante la lactancia no solo protege a la madre frente a una enfermedad potencialmente grave, sino que también reduce la probabilidad de llevar el virus al hogar. Esto es especialmente importante cuando el bebé aún no tiene la edad suficiente para recibir su primera dosis, que generalmente se aplica al cumplir un año de vida.

“La vacunación de los adultos que conviven con bebés pequeños es una estrategia fundamental”, dijo Herrera.“Mientras más personas estén inmunizadas, menor será la circulación del virus y menor el riesgo para quienes todavía no pueden vacunarse”.

Este efecto se conoce como inmunidad colectiva, un principio para frenar brotes. En el caso del sarampión, se requiere una cobertura de vacunación superior al 95 por ciento para evitar su propagación. Cuando estas coberturas disminuyen, como ocurrió durante la pandemia de covid-19 por la interrupción de servicios de salud, el virus encuentra nuevamente condiciones para transmitirse.

¿QUÉ DEBEN HACER LAS MADRES EN LACTANCIA?

Ante el contexto actual, las mujeres que están amamantando y no cuentan con un esquema completo de vacunación o no recuerdan haber recibido la vacuna, pueden acudir con confianza a su unidad de salud. El personal médico puede revisar la Cartilla Nacional de Salud y, en caso necesario, aplicar la dosis correspondiente.

Incluso, no es necesario suspender la lactancia antes ni después de la vacunación.

“No hay ninguna indicación médica para dejar de amamantar. Al contrario, la lactancia aporta defensas al bebé y la vacuna protege a la madre. Ambas medidas se complementan”, enfatizó el infectólogo Luis Herrera.

Dijo que continuar amamantando y mantener al día las vacunas es una forma sencilla y efectiva de proteger la salud propia, la de los hijos y la de toda la comunidad.

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Paco Marín es un periodista egresado en Comunicación y Periodismo por la Universidad Latinoamericana. Su experiencia abarca una amplia gama de temas críticos como salud, política, medio ambiente, infraestructura y educación, lo que le confiere un conocimiento diverso y una perspectiva integral en sus contribuciones. Su formación académica y experiencia práctica fortalecen la fiabilidad y experticia del contenido que genera.
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