Marcela Toro nunca imaginó que unas vacaciones soñadas en Cancún se convertirían en una pesadilla que marcaría a su familia para siempre. El 15 de enero de 2025, Marcela, su esposo, sus hijos pequeños, su padre, y algunos familiares y amigos llegaron emocionados al Aeropuerto Internacional de Cancún. Llevaban años visitando este destino paradisíaco, su lugar favorito para celebrar momentos especiales. Sin embargo, esta vez, la alegría de la llegada se desvaneció en cuestión de minutos.
La odisea comenzó cuando el grupo, con la intención de simplificar el trámite, se acercó junto a la ventanilla de Migración. Pero al funcionario no le agradó el gesto y les pidió que se dividieran en tres grupos. “Desde ahí empezó todo el calvario”, relató Marcela en sus redes sociales, donde decidió compartir su amarga experiencia.
La funcionaria que atendía a Marcela solicitó los boletos de avión de regreso, programados para el 22 de enero, fecha en que Marcela celebraría su cumpleaños. Con las reservas del hotel y los boletos en mano, parecía que no habría problema. Sin embargo, los trasladaron a una sala de espera de Migración, donde aguardaron con incertidumbre durante 15 largos minutos antes de recibir la noticia de que serían sometidos a una segunda entrevista.
“No entendíamos nada. Llevamos viajando a Cancún por más de cinco años. ¿Por qué nos estaban tratando así?”, narró Marcela en una transmisión en vivo. La situación se tornó más extraña cuando al grupo de su padre lo dejaron pasar sin contratiempos, mientras que los demás se enfrentaban a un exhaustivo interrogatorio. Los funcionarios preguntaban desde nombres y ocupaciones hasta detalles sobre el dinero en efectivo que llevaban consigo.
La pesadilla llegó a su punto crítico cuando les informaron que no se les permitiría ingresar al país. Marcela y su familia quedaron devastados al escuchar que serían devueltos a Colombia. Lo más frustrante para ellos fue que no se les dio una explicación clara. “Dijeron que intentaron contactar los números de nuestra reserva y que nadie contestó. No podía creerlo”, señaló Marcela, con indignación.
Niños tuvieron que comer sobras
Las horas transcurrían lentamente en la sala de detención. Sin sus teléfonos ni pasaportes, se sentían atrapados. Marcela recordó, con tristeza, cómo sus hijos pequeños, de siete y cuatro años, sufrían de hambre. Aunque los adultos lograban aguantar, los niños no paraban de llorar. Cuando suplicaron a los funcionarios que al menos les proporcionaran algo de comida para los pequeños, la respuesta fue humillante: “En un ratito les traeremos algo”. Ese “ratito” se convirtió en una espera interminable.
Lo que más partió el corazón de Marcela fue ver a sus hijos comer los sobrantes de comida de una caja que otros detenidos habían dejado. “Fue tan devastador. Nos trataron como delincuentes. Lo único que queríamos era disfrutar unas vacaciones y celebrar mi cumpleaños”, relató, con lágrimas en los ojos. La situación no mejoró. La noche cayó y las condiciones en la sala eran deplorables: sin cobijas, almohadas, ni productos básicos de higiene. El suelo se convirtió en el único lugar donde descansar.
La poca comida que recibieron no alcanzaba para todos. Marcela incluso tuvo que enfrentarse a una funcionaria que, ofuscada, le exigió firmar por un desayuno que nunca le entregaron. “¿Por qué voy a firmar algo que no recibí?”, cuestionó. Pero ante la presión, Marcela terminó cediendo.
Un rayo de esperanza apareció cuando un amigo logró contactar al Consulado colombiano. La cónsul, consternada por el relato de Marcela, se comunicó directamente con las autoridades migratorias en Cancún y exigió respuestas. Fue entonces cuando Marcela obtuvo la información del vuelo que los devolvería a Colombia esa misma noche.
Mientras relataba su experiencia, Marcela no pudo evitar emocionarse al recordar el impacto de lo vivido. “Es algo que no le deseo a nadie. Solo queríamos disfrutar y nos trataron de la peor manera”. Aunque su familia logró regresar a casa, las heridas emocionales y los recuerdos de esa amarga experiencia quedarán marcados para siempre.


TE PODRÍA INTERESAR