Embarazo adolescente indígena

Opinión: Mayra Chávez Courtois

El 7 de abril se conmemoró el Día Mundial de la Salud, con el propósito de recordar la importancia de la salud poblacional, y de rebote también nos recuerda las deficiencias que aún se tienen en la materia, como es el caso del embarazo adolescente que sigue siendo un problema de salud pública y social que refleja la deuda histórica que tiene la sociedad en conjunto con las y los tomadores de decisiones de políticas públicas respecto a la prevención del embarazo en adolescentes. Simplemente revisemos algunos datos que muestran este problema sin resolver. 

Según las Organización Mundial de la Salud (OMS), en el año 2019 en países con ingreso mediano y bajo, la presencia del embarazo adolescente en chicas de 15 y 19 años fue de 21 millones. Para el grupo de adolescentes entre 10 y 14 años en el 2023 se calculó que la tasa de natalidad fue de 1.5 por cada 1,000 mujeres, de los cuales en mayor presencia se da en Latinoamérica y África subsahariana. 

Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés), América Latina es la segunda región del mundo con embarazos tempranos y se estima que aproximadamente cada 20 segundo una adolescente da a luz, representando más de 1.6 millones de este grupo de chicas teniendo hijos anualmente. En 2025 se registró una tasa de embarazos adolescentes de 50.6 a 52 nacimientos por cada 1,000 mujeres de 15 a 19 años.

A nivel nacional, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) menciona que en el 2025 la tasa específica de fecundidad adolescente (TEFA) fue de 45.2 nacimientos por cada mil mujeres de 15 a 19 años. Las dos regiones que registran las tasas más preocupantes son el estado de Chiapas, con una tasa de 76.5, y Guerrero, con 82.1. Ambas entidades se encuentra en la lista de las siete regiones con mayor población indígena. 

Escenario en México 

Entrando en materia con el tema de hoy y considerando la información expuesta, la situación del embarazo adolescente per se a nivel mundial y nacional es gravísimo, pero para el caso específico de la población indígena se complejiza más. A nivel nacional, de acuerdo con datos del INEGI, las adolescente de 15 a 19 que hablan una lengua indígena presentan una tasa de fecundidad de 90.3 nacimientos por cada 1,000 mujeres, lo cual es realmente altísimo y expone la vulnerabilidad sexual y reproductiva en la que se encuentran las adolescentes indígenas.

Si bien en general las causas de la presencia del embarazo adolescente es multifactorial, en el caso de las adolescentes indígenas en México las desigualdades estructurales económicas y sociales dejan ver los escenarios desfavorables a los cuales se enfrenta este grupo de chicas. 

Vayamos desmenuzando algunos factores que definen la vulnerabilidad en la que se encuentran las adolescentes indígenas. Comencemos a visibilizar la escolaridad. Según la Secretaría de Educación Pública (SEP), en promedio la escolaridad de las adolescentes indígenas es de 6.5 grados, siendo de 10.6 grados promedio en la población no indígena. El analfabetismo en población indígena es de 19.1%, la cual es realmente alta en comparación con la población no indígena, con un 2.8%; también preocupa la ausencia a la escuela en indígenas de 3 a 17 años, que es de 23.7%. Aquí tenemos que detenernos un poco. La carencia escolar de casi una cuarta parte de la niñez y adolescencia indígena implica limitar a las adolescentes a contar con elementos que les permitan proyectos de vida en crecimiento; asimismo, las lleva a no tener la oportunidad de adquirir conocimientos para su cuidado y tomar decisiones para prevenir un embarazo temprano o incluso resolver no juntarse (casarse) tempranamente con una pareja. 

Reflejo de lo anterior, y relacionado con la ineficacia o ausencia de servicios de salud que proporcionen herramientas en la prevención del embarazo en adolescentes indígenas, se muestra una diferencia en el uso de anticonceptivos en su primera relación sexual. Según el INEGI, a nivel nacional el 66.9 de las adolescentes usaron un método anticonceptivo y solo el 26.6% de las adolescentes indígenas usaron alguno, principalmente el condón masculino; asimismo, casi el 74% manifestó no haber planeado la prevención del embarazo o desconocía los métodos anticonceptivos. Las cifras mencionadas irradian la situación en desventaja sobre la salud sexual y reproductiva de las adolescentes indígenas.

Y, sin duda, los usos y costumbres en población indígena son parte contundente de la presencia del embarazo adolescente. La unión a edades tempranas en las chicas de este grupo social por mandatos culturales las lleva a embarazarse prematuramente, limitando con ello su desarrollo personal, lo que refleja la violación a sus derechos humanos; además, esas uniones (matrimonio temprano) exponen a las adolescentes a tener mayor número de hijos en comparación con las mujeres que comienzan su reproducción tardíamente. 

Con este escenario vulnerable, social, económico y cultural, en el que habitan las adolescentes indígenas, es necesario que se dé un acercamiento a las comunidades en conjunto para sensibilizar sobre la importancia de la igualdad de oportunidades entre los géneros y para abrir brechas de equidad que les den herramientas a las adolescentes para tomar decisiones sobre su vida sexual y reproductiva, y postergar con ello la maternidad temprana. 

Lo anterior posiblemente suene complejo, porque se apuesta a cambios culturales; sin embargo, colocar en el tintero estas reflexiones para invitar a desarrollar acciones con y dentro de la comunidad conduce a la posibilidad de crear y llevar soluciones a cabo para prevenir embarazos tempranos, e idealmente en conjunto con servicios de salud con pertinencia sociocultural en zonas indígenas. 


FB: @mayra.chavezcourtois

Mayra Chávez Courtois
Mayra Chávez Courtois
Doctora en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, en la Ciudad de México, con una especialización en Estudios de la Mujer por la UAM Xochimilco. Investigadora en Ciencias Médicas en el Instituto Nacional de Perinatología, con enfoque en salud sexual y reproductiva, embarazo adolescente, morbimortalidad y salud materna desde una perspectiva sociomédica, cultural y de género. Perteneciente al Sistema Nacional de Investigadores Nivel 1 y vocal del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Investigadores de los Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (AMIINSHAE, A.C.). Es autora del libro “Infertilidad y Reproducción Asistida: Una mirada antropológica. Dimensiones del cuerpo, género y parentesco”.
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