La controversia por la construcción de la nueva Catedral de Cancún en la reserva Ombligo Verde se intensifica, no por lo que se dice, sino por lo que se calla. El silencio del gobierno de Ana Paty Peralta y de la Diócesis se ha convertido en el principal combustible de la indignación ciudadana.
CANCÚN, Q. Roo.- En medio de la creciente disputa por las obras de ampliación de la Catedral de Cancún en la reserva ecológica Ombligo Verde, la ausencia de una postura oficial y clara por parte de los actores principales —el Ayuntamiento de Benito Juárez y la Diócesis Cancún-Chetumal— se ha convertido en el epicentro de la polémica. Este silencio alimenta la desconfianza y da fuerza a las denuncias de los vecinos, quienes acusan un «ecocidio» en uno de los pocos pulmones verdes de la ciudad.
Desde que la organización «Salvemos Juntos el Ombligo Verde» y residentes de la zona alzaron la voz, han señalado que el proyecto, con una inversión de 90 millones de pesos, carece de una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) y ha excedido los límites de su propiedad, afectando un área natural protegida por decreto municipal desde 2012.
El Ayuntamiento: Una Contradicción Manifiesta
La falta de una declaración contundente por parte de la presidenta municipal, Ana Paty Peralta, es particularmente notoria. Apenas el pasado 18 de junio, su administración presentó con bombo y platillo el Plan Municipal de Desarrollo (PMD) 2024-2027, un documento que, según sus propias palabras, se basa en cuatro ejes, siendo uno de ellos «Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible».
La discrepancia entre el discurso oficial, que promueve la sostenibilidad, y la aparente inacción ante una denuncia de daño ambiental en un área protegida, ha generado un profundo escepticismo. Los ciudadanos se preguntan si el compromiso ecológico del gobierno es real o meramente retórico. Pese a que en el pasado la propia alcaldesa ha destacado al Ombligo Verde como un «ejemplo de unidad y bienestar», hoy su administración no ha respondido a los señalamientos de los activistas.
La Diócesis: Obras que Avanzan sin Aclaraciones
Por su parte, la Diócesis Cancún-Chetumal, beneficiaria del proyecto, tampoco ha emitido un comunicado oficial para refutar las acusaciones o presentar los permisos que, según los vecinos, no existen. Mientras las obras continúan, la única información disponible sobre el proyecto proviene de los medios y de anuncios previos, que describen un complejo con una cruz monumental de 30 metros, casa de retiros y centros pastoral y cultural.
Este mutismo institucional crea un vacío informativo que es llenado por la especulación y la indignación en redes sociales, donde el conflicto ha ganado visibilidad. La pregunta que se repite es: si las obras son legales y cuentan con todos los permisos, ¿por qué no se hacen públicos para disipar las dudas?
«Esta construcción no cuenta con alguna Manifestación de Impacto Ambiental, pese a hallarse en una reserva natural, ni con permisos de construcción o de cambio de uso de suelo», ha insistido la abogada ambientalista Katerine Ender, una de las voces más visibles del movimiento.
La Presión Ciudadana como Única Respuesta
Ante la falta de diálogo con las autoridades, los vecinos han anunciado que tomarán medidas más drásticas, como la instalación de campamentos para impedir el acceso a la zona de obras y la interposición de recursos legales para buscar la revocación de la permuta original del terreno.
El conflicto del Ombligo Verde ha dejado de ser una simple disputa por un terreno para convertirse en un caso de estudio sobre la transparencia, la rendición de cuentas y la capacidad de la ciudadanía para defender su patrimonio natural frente a los intereses de instituciones poderosas y la aparente pasividad del gobierno. El silencio, lejos de calmar las aguas, solo ha encendido más la llama de la controversia.
