Los derrumbes y fugas de gas marcaron las primeras horas posteriores al sismo de magnitud 6.5 que se registró la mañana del viernes en Guerrero. Aunque no se reportaron víctimas fatales ni daños estructurales mayores, el movimiento telúrico activó alertas, cierres viales y protocolos de emergencia en varios municipios, particularmente en Acapulco y la región de la Costa Chica.
El temblor ocurrió a las 7:58 horas, con epicentro a cuatro kilómetros al suroeste del municipio de San Marcos, según datos oficiales. Bastaron unos segundos para que el suelo se sacudiera con fuerza suficiente como para provocar desprendimientos de tierra, afectaciones en vialidades clave y reportes de fugas de gas LP que encendieron las alarmas entre autoridades y población.
Acapulco: carreteras afectadas y alertas por gas
En el puerto de Acapulco, uno de los puntos más sensibles fue la avenida Escénica, donde se registraron derrumbes de tierra y rocas en distintos tramos. Esta vialidad, considerada estratégica por conectar zonas turísticas y residenciales, fue parcialmente cerrada entre las colonias Joyas de Brisamar e Icacos.
El cierre no solo respondió a los derrumbes, sino también a la atención de una fuga de gas en una plaza comercial cercana. Personal de Protección Civil y cuerpos de emergencia acudieron de inmediato para controlar el riesgo, lo que permitió reabrir la circulación alrededor de las 9:15 horas.
Además, se reportaron derrumbes en Sinfonía del Mar, sobre la avenida Adolfo López Mateos, y en la calzada Pie de la Cuesta. En distintos inmuebles se observaron daños menores, como cristales rotos, plafones desprendidos y afectaciones en acabados, un recordatorio de la vulnerabilidad de ciertas construcciones ante movimientos sísmicos.
Costa Chica y región Centro: caminos bloqueados
Los derrumbes y fugas de gas no se limitaron a Acapulco. En el municipio de San Marcos, ubicado en la Costa Chica, se reportaron derrumbes menores sobre la carretera federal Acapulco–Pinotepa Nacional, específicamente cerca del poblado de La Caridad.
En la región Centro del estado, el municipio de Juan R. Escudero registró un derrumbe de tierra y rocas en la carretera Tierra Colorada–Carrizal, lo que obligó a extremar precauciones a los automovilistas y a desplegar labores de limpieza y evaluación de riesgos.
Mientras tanto, en Tixtla, el sismo provocó el colapso de una barda de adobe en la calle Aldama, un tipo de construcción que históricamente ha mostrado alta vulnerabilidad frente a los sismos.
La respuesta de Protección Civil tras el sismo
Tras el movimiento telúrico, la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de Guerrero activó de inmediato los protocolos de atención a emergencias. Brigadas estatales y municipales realizaron recorridos para identificar daños, atender reportes ciudadanos y prevenir riesgos secundarios, como explosiones o accidentes por fugas de gas LP.
De acuerdo con el informe preliminar, la prioridad fue asegurar zonas con derrumbes, verificar instalaciones de gas y evaluar estructuras que pudieran representar peligro para la población. La coordinación entre autoridades permitió que las afectaciones fueran atendidas con rapidez, reduciendo el impacto del evento.
Derrumbes y fugas de gas a mitad del análisis: un riesgo recurrente
A mitad del balance, los derrumbes y fugas de gas confirman un patrón que se repite tras sismos de mediana intensidad en regiones montañosas y urbanas como Guerrero. Los desprendimientos de tierra suelen afectar carreteras construidas en laderas, mientras que las fugas de gas se presentan por daños en tuberías, instalaciones comerciales o tanques domésticos.
Estos riesgos secundarios, aunque no siempre visibles de inmediato, pueden resultar más peligrosos que el propio sismo si no se atienden con rapidez.
Lecciones y prevención ante futuros sismos
Expertos en gestión de riesgos coinciden en que este tipo de eventos subraya la importancia del mantenimiento de infraestructura, la revisión periódica de instalaciones de gas y el respeto a normas de construcción sismo-resistentes.
También es clave que la población reporte de inmediato cualquier olor a gas, grietas o derrumbes, y evite transitar por zonas afectadas hasta que las autoridades confirmen que no existe peligro.
Vigilancia constante tras el temblor
El sismo de 6.5 en Guerrero dejó como saldo derrumbes y fugas de gas, además de daños menores en viviendas y vialidades. Aunque la respuesta de Protección Civil evitó consecuencias mayores, el evento recordó la vulnerabilidad de la región ante fenómenos sísmicos.
La experiencia refuerza la necesidad de mantener protocolos activos y una cultura de prevención, ya que, tras cada temblor, los derrumbes y fugas de gas siguen siendo una de las principales amenazas para la seguridad de la población.


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