miércoles, febrero 4, 2026

Crisis en Michoacán: la extorsión hunde al campo agrícola mexicano

El campo michoacano vive su peor crisis: la extorsión criminal asfixia a los productores de limón y pone en jaque la economía agrícola nacional.

l campo michoacano, rehén del miedo y la extorsión

El aroma a limón, símbolo de prosperidad en el Valle de Apatzingán, se ha mezclado con el olor a pólvora. Desde hace tres años, los agricultores de Michoacán viven bajo una amenaza constante: pagar para trabajar o morir por resistirse. La extorsión criminal ha transformado la vida rural en un infierno cotidiano.

La Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán ha encabezado una lucha desesperada contra los grupos delictivos que controlan el negocio agrícola. Lo que comenzó como un reclamo por los abusos del cobro de piso, se ha convertido en una batalla por la supervivencia del campo mexicano.

Extorsión: el impuesto del miedo

En 2023, los criminales impusieron un “impuesto verde” al limón: un peso por kilo producido y otro por kilo comercializado. Los agricultores no solo debían pagar por vender, sino también por cosechar. Quien se negaba a cumplir era amenazado o golpeado. Quien insistía en resistir, desaparecía.

Ese mismo año, el comercio limonero se paralizó por primera vez. Durante un mes, los árboles quedaron cargados, el fruto se pudrió en las ramas y las empacadoras cerraron sus puertas. Las autoridades federales prometieron soluciones, pero el miedo ya había echado raíces.

Un negocio verde convertido en negocio de sangre

En 2024, las cuotas criminales se duplicaron. “Los Viagras” y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) dividieron el territorio y el negocio. El limón, orgullo de Apatzingán, se transformó en moneda de guerra. Cada kilo cortado representaba un peso más para las arcas criminales y un riesgo más para los productores.

Las comunidades agrícolas comenzaron a organizarse, a bloquear carreteras y exigir protección. Pero la respuesta gubernamental fue lenta y débil. La extorsión siguió extendiéndose hacia Buenavista, Cenobio Moreno y Parácuaro. Lo que antes era el motor económico de la región, hoy sobrevive entre amenazas y balas.

Bernardo Bravo: el rostro de la resistencia

Bernardo Bravo Manríquez, presidente de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán y líder nacional del gremio, se convirtió en el símbolo de esa resistencia. Encabezó protestas, denunció públicamente a los extorsionadores y exigió seguridad para los productores.

El 20 de octubre de 2025, fue asesinado tras ser secuestrado por presuntos integrantes del Cártel Michoacán Nueva Generación. Su crimen conmocionó al país. Bravo había recibido amenazas por desafiar a los cárteles, pero nunca dejó de alzar la voz. Su muerte marcó un antes y un después para el campo michoacano.

Productores en riesgo: una lista que crece

En poco más de un año, cinco líderes agrícolas han sido asesinados. José Luis Aguiñaga cayó en Buenavista en 2024. El profesor Ramón Paz murió en enero de 2025 tras estallar una mina artesanal. En Santa Ana, otro agricultor y un adolescente perdieron la vida en febrero. Y en septiembre, un productor fue hallado con disparos sobre la carretera Parácuaro–Cuatro Caminos.

Cada crimen refuerza el mensaje de terror: nadie está a salvo. La violencia no distingue líderes ni pequeños productores; todos son blanco de los grupos que controlan el territorio y el precio del fruto.

El fuego que arrasó con la esperanza

En noviembre de 2024, un centro de acopio fue incendiado en Cenobio Moreno. El ataque, atribuido a la alianza entre Los Viagras y el CJNG, redujo a cenizas toneladas de limón. Las llamas no solo consumieron el producto, sino también los sueños de decenas de familias.

El fuego se convirtió en una metáfora dolorosa del abandono institucional. En lugar de apoyo, los campesinos recibieron silencio. En lugar de justicia, impunidad.

La detención de “El Pantano”: un respiro que no alcanza

La reciente captura de Rigoberto López Mendoza, alias “El Pantano”, señalado como el principal extorsionador del Valle de Apatzingán y presunto autor intelectual del asesinato de Bernardo Bravo, trajo un breve respiro. Sin embargo, en los campos aún reina el miedo. Los productores saben que un nombre menos no detiene la maquinaria criminal que controla la región.

La detención fue simbólica, pero insuficiente. En Michoacán, los campesinos siguen pagando con dinero o con vida por trabajar su propia tierra.

Un campo que se defiende solo

Ante la falta de resultados, los productores han comenzado a organizarse en redes de autodefensa económica y comunitaria. Se apoyan entre ellos para vigilar caminos, compartir información y evitar secuestros. Saben que, si esperan protección, el campo morirá.

El limón, que alguna vez representó prosperidad, se ha convertido en el estandarte de una lucha más grande: la lucha por la dignidad del campesino mexicano.

El grito que resuena en el Valle de Apatzingán

“El limón es vida, pero también resistencia”, solía decir Bernardo Bravo. Su voz, apagada por las balas, aún se escucha entre los surcos. Cada productor que regresa al campo lo hace con el miedo en la espalda y el orgullo en el alma.

Michoacán no solo enfrenta una crisis agrícola: enfrenta una crisis de humanidad. La extorsión, más que un delito, es una herida abierta que sangra en cada hectárea cultivada. Y mientras el Estado titubea, el campo sigue luchando, cosechando esperanza en medio del terror.

Giovanna Cancino
Giovanna Cancino
Giovanna Cancino es una experimentada profesional de la comunicación, Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Con más de una década de trayectoria en medios impresos y digitales, se ha consolidado como reportera y editora. Su profundo conocimiento se refleja en sus colaboraciones en la sección deportiva 'Sport Judge', así como en las importantes secciones Nacional e Internacional, asegurando una cobertura fiable y relevante para nuestros lectores.
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