La Casa del Migrante de Tijuana, un referente histórico en la atención a personas en contexto de movilidad en la frontera norte de México, enfrenta una severa crisis financiera que ha tenido un impacto directo en su operatividad y personal. La institución, que en abril pasado cumplió 38 años de servicio, ha visto una reducción de cerca del 40% de sus ingresos, lo que ha derivado en el despido de una parte significativa de su equipo, incluyendo a su director operativo.
Pérdida de Apoyo de Organismos Internacionales
La drástica disminución de fondos se atribuye principalmente a la retirada del apoyo financiero que brindaban importantes organizaciones internacionales como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Este financiamiento era crucial para cubrir los costos operativos y salariales del albergue.
Como consecuencia directa, la Casa del Migrante ha tenido que reducir su plantilla laboral a solo 17 personas. Esta situación compromete la capacidad de la institución para brindar la amplia gama de servicios que históricamente ha ofrecido a miles de migrantes y solicitantes de asilo, que incluyen alojamiento, alimentación, atención médica y asesoría legal.
Operando al Límite y con Voluntarios
Patrick Murphy, una voz relacionada con la institución, ha expresado la gravedad de la situación, aunque mantiene la esperanza de que la Casa del Migrante no cese sus operaciones por completo. «No creo que dejemos de operar, nada más si hay otros cortes drásticos, pero vamos a seguir operando tal vez no con todo lo queremos, pero vamos a seguir dando atención a los migrantes», señaló.
La operación actual depende en gran medida del esfuerzo del personal restante y del invaluable apoyo de voluntarios. La comunidad y otras organizaciones locales se vuelven aún más cruciales en este contexto para sostener la labor humanitaria del albergue.
Un Panorama Complejo para los Albergues en la Frontera
La crisis de la Casa del Migrante de Tijuana no es un hecho aislado. Otros albergues en la ciudad y a lo largo de la frontera han expresado preocupación por la disminución de donativos y apoyos, especialmente de fuentes en Estados Unidos. Esta situación se da en un momento en que los flujos migratorios continúan, aunque con dinámicas cambiantes, y la necesidad de asistencia humanitaria sigue siendo alta.
La reducción de fondos para estas organizaciones de la sociedad civil que atienden a poblaciones vulnerables plantea un desafío mayor para la gestión humanitaria en la frontera. Mientras tanto, la Casa YMCA de Tijuana también ha hecho llamados de apoyo para atender a adolescentes en contexto de movilidad , evidenciando la presión financiera generalizada sobre la red de albergues.
La comunidad de Tijuana y los defensores de los derechos de los migrantes observan con preocupación cómo una institución tan vital lucha por su supervivencia, en un contexto donde la solidaridad y el apoyo son más necesarios que nunca.


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