La selva y los humedales del municipio de Centla, en Tabasco, arden. Desde el pasado 18 de julio, un incendio forestal ha consumido al menos 1,600 hectáreas dentro de la Reserva de la Biosfera Pantanos de Centla, una de las zonas más biodiversas de Mesoamérica. A pesar de que el siniestro, localizado en el predio El Palmar, ha sido controlado en un 95 por ciento y liquidado en un 90 por ciento, el fuego aún no ha sido completamente sofocado.
A este primer incendio se suma uno más registrado el 25 de julio en la misma Área Natural Protegida, a la altura de la zona conocida como Chichicastle. Aunque este segundo fuego ya fue liquidado al 100 por ciento, también dejó un saldo considerable: 438 hectáreas afectadas. En conjunto, ambos incendios representan una pérdida preliminar de 2,038 hectáreas de vegetación nativa.
¿Qué significa perder 2,038 hectáreas?
Para tener una idea clara, basta decir que 2,038 hectáreas equivalen a más de 20 millones de metros cuadrados, o bien, a unos 2,855 campos de futbol profesional. Es casi dos veces y media el tamaño de Central Park en Nueva York, tres veces y media el Bosque de Chapultepec y diez veces la superficie de Ciudad Universitaria de la UNAM. Es como si una ciudad entera desapareciera bajo las llamas. La comparación es útil para comprender el tamaño de la catástrofe.
Animales mueren calcinados
La situación en Centla no es aislada. Otros municipios de Tabasco también enfrentan emergencias ambientales por incendios. En el poblado Nicolás Bravo, del municipio de Macuspana, habitantes han solicitado apoyo urgente a Protección Civil, pues el fuego ya se aproxima a las viviendas. Y en la ranchería Culico segunda sección, en Cunduacán, un incendio de pastizales —presuntamente provocado— consumió gran parte del popal en la zona conocida como La Poza, cerca de la iglesia de San Isidro. Imágenes difundidas en redes sociales muestran restos de animales calcinados y un ecosistema devastado.
La temporada de calor, la sequía y los vientos intensos crean condiciones propicias para que cualquier chispa se convierta en un incendio incontrolable. Aunque muchas de estas emergencias comienzan con la quema de pasto o maleza para limpiar terrenos agrícolas, las llamas suelen extenderse con rapidez, alcanzando selvas, humedales y zonas habitadas. En los Pantanos de Centla, donde habitan jaguares, manatíes, aves migratorias y cientos de especies de flora y fauna, el daño ecológico es profundo.
Este tipo de incendios provoca la pérdida de árboles y vegetación, destruye hábitats, altera el equilibrio de los ecosistemas y pone en riesgo a las comunidades humanas que dependen de estos espacios para vivir. Los Pantanos de Centla son un pulmón natural, una barrera contra inundaciones y una fuente vital de biodiversidad. Su destrucción es una advertencia clara de lo que ocurre cuando se combinan el cambio climático, la falta de prevención y las prácticas agrícolas sin control.
Recuperar lo perdido tomará años, y solo será posible si se aplican medidas concretas de prevención, vigilancia y educación ambiental. Mientras tanto, Tabasco sigue ardiendo, y la selva paga el precio más alto.


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