México y su gran reto con los perros callejeros
En México, según la Asociación Mexicana de Médicos Veterinarios Especialistas en Pequeñas Especies (AMMVEPE), existen alrededor de 28 millones de perros, y aproximadamente el 70% vive en la calle. Esta alarmante cifra coloca al país como el líder en América Latina en perros sin hogar, lo que genera un problema que va más allá del bienestar animal, afectando también la salud pública y la convivencia social.
La realidad de estos animales es dura: pasan hambre, sed, sufren accidentes, maltrato e incluso enfermedades no atendidas. Pero detrás de esta problemática también se abre una oportunidad para cambiar vidas: la adopción responsable.
Adoptar un perro: un acto de amor y aprendizaje
Para Ylenia Márquez Peña, académica de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, adoptar un perro es mucho más que salvar una vida; es abrir la puerta a un aprendizaje invaluable.
“Los perros son maestros del amor incondicional. Adoptar es recibir ese amor sin condiciones, aprender sobre sacrificio y compromiso”, explica Márquez Peña. Este vínculo, señala, tiene un valor social profundo porque fortalece la sensibilidad y empatía de quienes se convierten en tutores responsables.
Adoptar no solo transforma la vida del perro, sino también la del humano, enseñándole a enfrentar retos emocionales, a manejar el duelo, la enfermedad y la responsabilidad.
Beneficios para la salud y la convivencia social
La adopción de perros tiene un impacto positivo en la salud mental y física de las personas. Reduce el estrés y la ansiedad, promueve la actividad física a través de paseos y ejercicio, y fomenta la socialización, ya que permite conocer a otras personas con valores similares.
Además, el cuidado constante de una mascota enseña responsabilidad y compromiso a largo plazo, valores fundamentales en cualquier sociedad.
El lado oscuro del abandono y sus consecuencias
No obstante, no todas las adopciones se hacen con la conciencia necesaria. Muchas personas adoptan impulsivamente o sin evaluar sus condiciones reales, lo que puede llevar al abandono cuando el perro crece, presenta enfermedades o demanda más cuidados de los esperados.
Un perro abandonado no solo sufre maltrato animal, también representa un riesgo para la salud pública al poder ser portador de enfermedades zoonóticas, y puede desarrollar conductas agresivas que ponen en peligro a la comunidad.
Reflexiones para una adopción consciente y responsable
La especialista Márquez Peña hace un llamado a la reflexión antes de adoptar: es fundamental analizar el espacio disponible, la situación económica, el tiempo para el cuidado y la personalidad del perro.
“Un perro vive mínimo 10 años. Adoptar implica un compromiso serio que debe considerarse a corto y largo plazo”, enfatiza. Entre las preguntas que recomienda hacerse están: ¿Es activo o tranquilo? ¿Será grande o pequeño? ¿Cuáles son sus necesidades veterinarias?
Consultar a un veterinario antes de adoptar puede ayudar a tomar una decisión informada y evitar situaciones complicadas.
El compromiso humano desde la domesticación hasta hoy
Desde hace 18 mil años, los humanos domesticamos a los perros, interrumpiendo su naturaleza salvaje y haciéndolos dependientes. Por eso, una vez que adoptamos, no hay vuelta atrás: se trata de un compromiso de por vida.
Abandonar a un perro tras adoptarlo puede causarle daños emocionales profundos, como depresión o estrés, afectando su bienestar general.
Consejos para la adaptación y cuidado inicial del perro adoptado
Cuando un perro llega a su nuevo hogar, es necesario adaptarle un lugar cómodo con agua y comida, protegido de las condiciones climáticas extremas.
Es vital esterilizarlo y vacunarle si no se ha hecho, y darle su espacio para adaptarse, un proceso que puede durar alrededor de dos semanas.
La convivencia diaria debe ser paciente y respetuosa, siempre con el compromiso de cuidarlo durante toda su vida.
La adopción como acto de humanidad
Adoptar un perro no solo salva una vida, sino que contribuye a construir una sociedad más humana, sensible y responsable. En un país con tantos perros en situación vulnerable, la adopción consciente es una poderosa herramienta de cambio social y bienestar.
Cada perro adoptado es un maestro de vida que nos enseña amor, responsabilidad y empatía, valores esenciales para vivir en comunidad.


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