lunes, enero 19, 2026

Washington moviliza 300 soldados para “blindar” Chicago en controvertido despliegue

Eran las primeras horas en Chicago. Las calles aún contenían ecos de enfrentamientos nocturnos: vidrios rotos, grafitis nuevos, patrullas estacionadas con luces intermitentes. En uno de esos puntos, una vecina llamada Marisol—que vivía cerca del centro—miraba por la ventana y escuchaba los helicópteros. No creía que llegara el ejército a su ciudad. Pero esa mañana, Washington anunció que 300 soldados de la Guardia Nacional serían desplegados “para proteger instalaciones federales”.

Marisol se despertó recordando cuando, de niña, veía películas donde los militares patrullaban ciudades en guerras ficticias. Nunca imaginó que algún día Chicago vería algo parecido: fuerzas federales dentro de su territorio. Mientras desayunaba, su teléfono vibró con una alerta: un juez en Oregon bloqueaba un intento similar en Portland. Pero allí no estaba Chicago, y aquí las órdenes ya estaban dadas.

Decisión presidencial y justificación oficial

El presidente Donald Trump firmó la autorización para desplazar Guardia Nacional en Chicago con el argumento de “disturbios violentos” y amenazas a activos federales y agentes. La subsecretaria de prensa de la Casa Blanca, Abigail Jackson, explicó que “en medio del desorden que líderes locales han permitido”, los soldados protegerían funcionarios federales.

Protestas, fuego cruzado y tensiones locales

El detonante fue un enfrentamiento reciente: agentes federales dispararon contra una mujer armada durante manifestaciones que rodearon vehículos de ICE en Chicago. Las autoridades afirman que los agentes estaban “acorralados” por automóviles, por lo que dispararon en defensa propia.

El gobernador demócrata de Illinois, JB Pritzker, calificó la medida como una “actuación fabricada” para ejercer control, y cuestionó la legalidad de imponer tropas federales sin su consentimiento.

El precedente de Portland y bloqueos judiciales

Un juez federal en Oregon detuvo temporalmente un plan similar para desplegar soldados en Portland, argumentando que excedía el uso permitido de fuerzas militares en asuntos civiles. Este precedente genera inquietud: ¿será legal y constitucional enviar tropas a Chicago contra la voluntad estatal?

El impacto humano y simbólico

Para Marisol, el despliegue significaba algo más que patrullas: era una militarización palpable. Muchos residentes expresan miedo de vivir bajo vigilancia permanente, de que protestas legítimas sean vistas como insurgencia. Por otro lado, comunidades que han sufrido violencia urbana esperaban respuestas firmes.

El equilibrio es delicado: usar fuerzas armadas en una ciudad estadounidense implica cruzar líneas históricas entre orden público y libertad civil. Las decisiones aquí repercutirán no sólo en calles, sino en normas constitucionales y en la confianza entre gobierno y ciudadanos.

Washington envía 300 soldados a Chicago para “blindar” redadas y activos federales, desatando reacciones encontradas: el gobierno defiende legalidad y orden, mientras los líderes locales denuncian abuso de poder. En este choque entre autoridad y derechos, el futuro de la gobernabilidad urbana en EE. UU. se pone en juego.

Owen Michell
Owen Michell
Owen Michell es nuestro editor especializado en noticias digitales, con un profundo conocimiento en identificar tendencias y desarrollar contenido de consulta. Su experiencia en el panorama digital le permite brindar información relevante y atractiva para nuestra audiencia. Su pericia en el ámbito de las noticias digitales contribuye a la autoridad y actualidad de nuestro sitio.
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